Adéntrate en este nuevo small town romance, un homenaje a todas las lectoras que hayan soñado con escapar a un pueblecito y enamorarse de la vida allí (y puede que de algún que otro contratista con muy mal genio).
Hazel Hart era una exitosa escritora de romántica hasta que una ruptura la sumió en el bloqueo creativo de su vida. Cuando no termina a tiempo su último manuscrito, su editorial se planta: o cumple con el próximo plazo de entrega, o se acabó.
En busca de inspiración, Hazel compra una casa online y huye de Manhattan a Story Lake, en Pensilvania. Pero al llegar descubre que su nuevo hogar está que se cae y el pueblo está en las últimas tras el cierre de su mayor negocio.
Sin embargo, Hazel deja de preocuparse cuando conoce a Campbell Bishop, contratista y gruñón profesional, y decide contratarlo a él y a sus hermanos para renovar su «casa».
Antes de darse cuenta, Hazel está escribiendo (y viviendo) un romance... Por lo menos hasta que Cam recuerde las razones que tiene para no poder ser feliz para siempre.
Nessa Griffin tiene una vida solitaria. Al ser compasiva y amable, no encaja en el imperio mafioso de su familia. Lucha por demostrar su valía en casa y en su competitiva compañía de ballet.
Mikolaj Wilk es el gánster más cruel de Chicago. Su padre adoptivo lo salvó de las calles de Varsovia y acabó muriendo a manos de los Griffin.
Decidido a vengarse, Mikolaj secuestra a Nessa y la mantiene cautiva en su decadente mansión gótica. Mientras planea la destrucción de todo lo que ella ama, empieza a obsesionarse con su prisionera, deseando que esta bailarina baile sólo para él. Mientras tanto, Nessa se encuentra perdida en la creciente tensión entre ella y su secuestrador.
¿Encontrará Nessa al hombre que hay dentro de la bestia? ¿O será este su último baile?
Lo cierto es que nunca he podido narrar –ni opinar– desde un lugar discreto, nunca he podido hacerme invisible, y para ser sincera tampoco lo he intentado. Amo la realidad que desenmascaramos en cada uno de nuestros actos. Amo la voluntad de asombro.
Creo que lo más honesto que puedo hacer literariamente es contar las cosas como las veo, sin artificios, sin disfraces, sin filtros, sin mentiras, con mis prejuicios, obsesiones y complejos, con las verdades en minúscula y por lo general sospechosas. Hacerlo de otra manera seria presuntuoso por mi parte. Estaría engañándome y engañándolos».