Los disturbios de Muzaffarnagar, una serie de episodios de violencia comunal que tuvieron lugar en el estado de Uttar Pradesh en 2013, no fueron mucho más cruentos ni de mayor escala que otros acontecidos anteriormente en la India: varias víctimas mortales y decenas de miles de habitantes forzados a dejar su tierra. Es algo que ya ocurrió en el pasado y que probablemente volverá a ocurrir, ver a hindús y musulmanes enfrentándose con armas de fuego y espadas, espoleados por discursos de odio y retahílas de acusaciones mutuas. Cuando abundan las consignas religiosas, la verdad se convierte en algo inasible.
En El disturbio eterno, Joe Sacco recorre todo Uttar Pradesh para hablar con cargos gubernamentales, líderes políticos, cabecillas locales y, sobre todo, con las víctimas, mayoritariamente campesinos sin tierras. Su objetivo es comprender estos disturbios bajo el prisma de la violencia política. En el proceso, investiga las raíces de los enfrentamientos y se pregunta por algunos hechos centrales: ¿puede el salvajismo convivir con una democracia? ¿son las turbas y no los líderes quienes deciden el curso de los acontecimientos? ¿cómo pueden coexistir relatos tan distintos sobre lo sucedido? ¿cómo logran esconder los violentos su participación en esos actos homicidas?
Joni Lark tiene un secreto. A pesar de ser una de las compositoras más demandadas de Los Ángeles, no logra componer nada desde hace tiempo. En su interior siente un gran vacío y no sabe qué hacer con él.
Cuando regresa a Vienna Shores, su pueblo natal en Carolina del Norte, espera que la arena, la playa y los espectáculos en el Revelry, la sala de conciertos de su familia, prendan la chispa de la inspiración. Pero cuando llega, todo ha cambiado. Su mejor amiga le oculta algo, los recuerdos de su madre se están desvaneciendo y el Revelry va a cerrar.
¿Cómo va a poder componer si su mundo de siempre ya no es el mismo?
Y, entonces, la oye: una melodía en su cabeza, sin letra y a medio componer. Y con ella, una voz cautivadora y adictiva que la acompaña; una voz que, al parecer, pertenece a un músico cínico con su propio vacío interior.
Sin duda es solo un producto de su estresada imaginación.
Sin embargo, a Vienna Shores llega un hombre muy real. Es arrogante y reservado (nada que ver con la voz dulce y graciosa que Joni oye en su cabeza), y tiene un plan para cortar su inconveniente conexión telepática: terminar la canción que los tortura con la esperanza de que sus corazones, y sus secretos, no sufran en el proceso.
Esa melodía, la que los ha unido., ¿podría tener algún motivo oculto?
Un auténtico poeta o, por decirlo al estilo antillano, un auténtico maestro de lo maravilloso. Ha logrado inscribir en el mapa existencial del hombre lo que hasta entonces no figuraba en él: los límites casi inaccesibles del erotismo feliz e ingenuo, los límites casi imposibles de una sexualidad tan desenfrenada como paradisíaca.