Érase una vez una joven pareja que se enamoró perdidamente pese a pertenecer a familias rivales. Probablemente conoces la historia y como acabó (pista: mal, fatal), pero en realidad no es así como termina: Romeo y Julieta viven felices y comen perdices… y también son mis padres.
Me llamo Rose y soy la mayor de sus siete hijos, con énfasis en «mayor», porque con veinte años ya me consideran una solterona. Pero ¿quién puede pensar en matrimonio cuando te has criado entre apasionadas declaraciones de amor, versos recitados a la luz de la luna y besuqueos constantes? ¡Es agotador!
Hasta ahora he logrado esquivar el altar presentando a mis pretendientes a prometidas más adecuadas, pero parece que no conseguiré deshacerme del viudo duque Stephano, cuyas anteriores esposas (tres, para ser exactos) han tenido «finales desafortunados». Sin embargo, la noche de nuestro baile de compromiso, mi futuro marido aparece con una daga clavada en el pecho. Media Verona tiene motivos para asesinarle, pero cuando todos a su alrededor comienzan a desaparecer, morir o volverse locos, sé que debo encontrar al culpable antes de que me encuentre a mí.
En medio de la promoción de su primera novela, El consentimiento, que provocó un seísmo social y literario, Vanessa Springora recibe una llamada de la policía para que acuda a identificar el cuerpo sin vida de su padre, un hombre fabulador y misántropo que había terminado por convertirse en un extraño para ella. Pero al vaciar su casa, algo llama su atención: dos fotos antiguas de su abuelo paterno en las que exhibe la esvástica. Un descubrimiento que echa por tierra la versión del querido abuelo checo, Josef, reclutado a la fuerza por el ejército nazi, desertor en Francia, colaborador de los estadounidenses durante la liberación y «refugiado privilegiado» como disidente del régimen comunista.
Comienza así una obsesiva búsqueda para saber quién era en realidad ese hombre que le dio su apellido y cómo pudo o no «consentir» la barbarie. A lo largo de dos años, Vanessa rastreará documentos familiares, archivos checos, alemanes y franceses, y se reunirá con testigos para tratar de recomponer un itinerario verosímil. Pero siempre faltan piezas.
Harper Lee se convirtió en una de las escritoras más emblemáticas del canon estadounidense gracias a Scout, Atticus Finch y otros inolvidables personajes de Matar a un ruiseñor, la novela ganadora del Premio Pulitzer con la que alcanzó la inmortalidad. Pero antes de escribir su mítica novela ya era una joven y tenaz escritora que, instalada en Nueva York, donde trabajaba en una compañía aérea, enviaba relatos a revistas como Harper s Bazaar o The New Yorker con la esperanza de verlos publicados. Unos cuentos que poseen ya su inconfundible voz y que narran, con un humor, un ritmo y una cotidianidad inimitables, diferentes episodios de la vida de Jean Louise Finch, desde su niñez en el colegio de Maycomb, Alabama, hasta la juventud en los restaurantes y cines del Manhattan de los años cincuenta.
La tierra del dulce porvenir reúne todos esos cuentos inéditos, que durante décadas estudiosos de su obra y biógrafos daban por perdidos y que aparecieron en su apartamento tras su muerte, así como los breves ensayos que Lee escribió y que incluyen desde reflexiones sobre la necesidad de una enseñanza responsable hasta retratos de Gregory Peck y Truman Capote. Una visión sin precedentes sobre el origen de una voz irrepetible, unos personajes y unos temas que siguen siendo vitales, con la que se cierra el círculo sobre una de nuestras escritoras más queridas y enigmáticas.