Alicia deja su ciudad natal para estudiar Filosofía en Madrid, convencida de que allí encontrará compañeros con los que hablar de libros y profesores capaces de cambiarle la vida. Seducida por un grupo de estudiantes tan inteligentes como crueles, pronto descubrirá que el saber no siempre es sinónimo de virtud, pues en las aulas reina la arrogancia, y la brillantez intelectual convive con la precariedad, el cinismo y las miserias cotidianas. En medio de su Bildungsroman particular, entre los movimientos estudiantiles y el estudio sobre qué significa el amor para autores como Platón o Sartre, se obsesionará con Juan, uno de sus profesores, pese a que él es más de diez años mayor.
La chica más lista que conozco es una novela sobre la vergüenza, las complejidades del consentimiento en las relaciones atravesadas por la desigualdad y los límites del Me Too. Escrita como un tratado filosófico, indaga también en la amistad femenina en entornos masculinizados, la belleza del conocimiento, la ansiedad por forjarse una identidad y los claroscuros del compromiso político en la vida íntima.
Cuando la entusiasta del cine de terror Jamie Prescott acude a un evento de citas rápidas, sabe qué esperar: mediocridad y echarse unas risas. Lo que jamás hubiera previsto es que a uno de sus acompañantes le cortaran el cuello durante un apagón. Ni que, cuando volvieran las luces, hubiera más cadáveres en el suelo y las puertas estuvieran cerradas con llave.
Pertrechados con armas improvisadas y el amplio conocimiento de Jamie sobre lo que NO se debe hacer en una película de terror, el grupo de supervivientes intenta encontrar una salida mientras el asesino los acecha. Sin embargo, a medida que avanza la noche y Jamie se encuentra «cara a máscara» con el criminal, comienza a sospechar que este está cometiendo los asesinatos para cortejar a una de las participantes y convertirla en una su «chica final» en la vida real.
Nada acelera el amor tanto como el peligro y, a pesar de las consecuencias potencialmente mortales, Jamie se ve envuelta en un triángulo amoroso con dos de los otros supervivientes. ¿Conseguirá sobrevivir al derramamiento de sangre para disfrutar de su «felices para siempre»? ¿O logrará encontrar antes este psicópata su media naranja a golpe de machete?
Hay algo vivo e inclasificable que recorre el planeta Tierra desde su creación y parece capaz de sobrevivirlo. Se extiende bajo la superficie y emerge como una planta fantástica, en múltiples sentidos. De ella darán testimonio los distintos narradores de la novela -cuyas voces se escuchan en 1504, 1888, 1945- y el arco temporal de un futuro que solo la literatura puede imaginar. Una y otra vez, mientras la humanidad crece y se piensa, el bionte, este organismo que aterra pero que también refugia, será un espejo del devenir histórico bajo el horror de su idea de progreso.