En la década de 1880, un geógrafo francés llamado François Élie Roudaire quiso inundar parte del desierto del Sáhara con agua del Mediterráneo, excavando un canal desde el golfo de Gabes hasta un conjunto de lagos salados norteafricanos, con la intención de modificar así el paisaje y crear un microclima propicio al desarrollo de la agricultura.
«Yo el Supremo Dictador de la República: ordeno que al acaecer mi muerte mi cadáver sea decapitado...»Así arranca una de las grandes novelas de la literatura en castellano del siglo XX: Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989.La obra es un extraordinario ejercicio de gran profundidad narrativa y un testimonio escalofriante sobre uno de los peores males contemporáneos: la dictadura. El déspota solitario que reina sobre Paraguay es, en la obra de Roa, el argumento para describir a una figura despiadada que es asimismo metáfora de la biografía de América Latina.Yo el Supremo es una perfecta radiografía del poder absoluto, de sus sombras, sus miserias y sus crímenes.
La mañana del 9 de diciembre de 2005, el noticiero más popular de la televisión mexicana transmitió el arresto de dos peligrosos secuestradores y la liberación de tres víctimas. Durante horas, los espectadores atestiguaron el operativo que culminó con la detención del mexicano Israel Vallarta y la francesa Florence Cassez. Semanas después, el jefe de la policía reconoció que la transmisión había sido producto de un montaje realizado a solicitud de los medios.