Este segundo volumen de En busca del tiempo perdido, considerada una de las obras cumbre de todos los tiempos, obtuvo el premio Goncourt en 1919.
Tras una primera parte en la que el Narrador intima con los Swann y estrecha su relación con Gilberte, lo que le lleva a experimentar los cataclismos anímicos y mentales que produce el amor, aborda el deslumbrante relato de su estancia en la localidad costera de Balbec. Sin olvidar el divertido elenco de secundarios que pueblan el Grand-Hôtel, allí conoce, entre otros, al arrebatador Saint-Loup, al excéntrico barón de Charlus, al pintor Elstir, y a Albertine y el resto de las «muchachas en flor».
Marcel Proust envuelve al lector en un torbellino de sensaciones y pensamientos en el que va alternando sabiamente la comicidad y el desgarro, ambos propios de la condición humana.
«Esta es la historia de mis abuelos y de los vuestros, de nuestros padres y de nuestras propias vidas. De alguna forma es la historia de todos nosotros.» Ken Follett. Tras el éxito de Los pilares de la Tierra y Un mundo sin fin,
Ken Follett presenta esta gran novela épica que narra la historia de
cinco familias durante los años turbulentos de la Primera Guerra Mundial, la Revolución rusa y la lucha de hombres y mujeres por sus derechos.
La historia del estallido volcánico e irrefrenable de una pasión tempestuosa.
Cuando el señor Loockwod llega a Cumbres Borrascosas para hablar con el propietario de la finca sobre otra propiedad suya que le ha alquilado, el ama de llaves, al servicio de la familia desde hace años, le cuenta la historia de estas casas y de las familias que vivieron en ellas.
En la mansión de Cumbres Borrascosas vivía antes el señor Earnshaw con dos hijos: Hindley y Catherine. Tras una ausencia de varios días, el padre regresó a la finca con un niño huérfano que había encontrado en las calles de Liverpool, al que llamaron Heathcliff y quien a partir de ese momento debía ser tratado como un miembro más de la familia. El joven Heathcliff congenió enseguida con Catherine y ambos se convirtieron en inseparables. Se pasaban todo el día solos, corriendo por los páramos, como dos criaturas salvajes.
Al morir su padre, Hindley hereda la mansión y relega a Heathcliff a la posición de sirviente, por lo que, aparte de las humillaciones constantes recibidas por parte de Hindley, Heathcliff se convierte en un joven cada vez más violento y trágico.
Mientras, con la intención de que su hermana consiga un buen matrimonio, Hindley alienta a Catherine para que se relacione con sus elegantes vecinos, Edgar e Isabella Linton, por más que ella no puede dejar de añorar a Heathcliff. Sin embargo, las atenciones del distinguido Linton, amable y bondadoso, no tardarán en halagarla, de modo que Catherine empezará a soñar con el lujo y la sofisticación de otro estilo de vida.