En apariencia, el doctor Justo Pastor Proceso lo tiene todo para sentirse afortunado: es ginecólogo en Pasto, una pequeña ciudad al sur de Colombia, tiene dos residencias, una mujer atractiva, una hija pequeña y otra adolescente, y una afición para sus ratos libres: investigar la verdadera historia de Simón Bolívar. Pero los enredos en los que se ve envuelto a raíz de la fiesta de los Inocentes y los desfiles carnavalescos del año 1966 hacen caer las falsas apariencias, y el sorprendido doctor Justo Pastor Proceso asume que en realidad su mujer se burla de él, sus hijas no le tienen demasiado en cuenta, y sus amigos se aprovechan. Cuando el cacique local la emprende a tiros contra los artesanos que preparaban una carroza burlesca, al doctor se le ocurre aprovecharla para que el grupo escultórico muestre en su lugar la catadura histórica del libertador Bolívar. El vodevil da paso a la farsa y la farsa a un peligro real y una amenaza fatídica. En la Colombia de los años sesenta, todos prefieren vivir en falso antes de cuestionar los mitos fundacionales.
El encuentro fortuito entre dos amigos de la infancia es el detonante de esta novela, la cual nos lleva a recorrer la vida de un empresario exitoso y adinerado con un pasado enigmático. Su nombre: Sebastián Sarmiento. Su tragedia: haber perdido a sus seres más queridos. La consecuencia: un sentimiento de culpa que jamás lo abandona. La historia de Sebastián toma rumbos insospechados debido a circunstancias tan simples como una rama seca tirada en el camino, una llamada realizada en el instante preciso y el andar a la deriva por una calle cualquiera.
Esas casualidades, y muchas más, son las que determinan el destino del protagonista, y Juan Carlos Botero se vale de ellas para demostrar que no existen hechos intrascendentes, pues un detalle, por más mínimo que parezca, puede cambiar radicalmente el curso de los acontecimientos y desatar una ola de eventos inesperados. Nuestra fortuna deja de pertenecernos cuando se lanzan los dados y nos convertimos, para ventura o desventura, en caprichos de la suerte.
Norteamérica, siglo XX. Roberta Jeanne d'Arc Cole está muy cerca de cumplir su sueño. A punto de ser nombrada subdirectora de medicina en un hospital de Boston, casada con un cirujano y dueña de una residencia en la histórica calle Brattle en Cambridge y una casa de verano en las colinas de Berkshire, no se espera que, de golpe y porrazo, todo se desmorone.
Su género y su trabajo en una clínica de abortos le cuestan el nombramiento en el hospital y su matrimonio. Tratando de recuperarse, decide dejar su apartamento en Boston para volver al campo y trabajar como médico rural. Será allí, en las colinas de Massachussets, donde redescubrirá ese don de adivinación que ha caracterizado a su familia y seguirá luchando por el derecho de cada mujer a elegir sobre su cuerpo, al mismo tiempo que reconoce su propio deseo de maternidad.
Norteamérica, siglo XIX. Vástago de una familia que ha practicado la medicina a lo largo de los años, el doctor Robert Judson Cole abandona su Escocia natal buscando un mejor futuro. Tras trabajar con el eminente cirujano Oliver Wendell Holmes, continuará rumbo al Oeste americano junto a su hijo, Robert Jefferson Cole, con el que comparte la pasión por el arte de sanar.
Padre e hijo partirán hasta la frontera de Illinois y de allí a las tierras de Gettysburg, castigadas por la guerra, un territorio que los colonos todavía no han podido arrebatar a los indios sauk. Dispuestos a estudiar las desconcertantes tradiciones curativas de los nativos americanos, aprendiendo de su cultura y sus remedios, padre e hijo parecen haber logrado asentarse. Sin embargo, no han contado con el vórtice sangriento de la Guerra de Secesión, de la que nadie puede escapar...
"Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto". Con este comienzo abrupto e inquietantemente cómico, Franz Kafka, el maestro narrador de nuestras pesadillas existenciales, nos mete de lleno en la historia de un joven que, de la noche a la mañana, sufre una transformación agónica que le va alejando de todo lo que conoce: de su propio cuerpo, de lo que significa ser humano y de la relación con su entorno, especialmente por la brecha de incomprensión y vergüenza que su nueva condición abre entre el y su familia.
Junio de 1960. Un temporal mantiene aisladas en la idílica isla de Utakos, frente a Corfú, a nueve personas alojadas en el pequeño hotel local. Nada hace presagiar lo que está a punto de ocurrir: Edith Mander, una discreta turista inglesa, aparece muerta en el pabellón de la playa. Lo que parece un suicidio revela indicios imperceptibles para cualquiera salvo para Hopalong Basil, un actor en decadencia que en otro tiempo encarnó en la pantalla al más célebre detective de todos los tiempos. Nadie como él, acostumbrado a aplicar en el cine las habilidades deductivas de Sherlock Holmes, puede desentrañar lo que de verdad esconde ese enigma clásico de habitación cerrada. En una isla de la que nadie puede salir y a la que nadie puede llegar, inevitablemente todos se acabarán convirtiendo en sospechosos en una fascinante novela-problema donde la literatura policial se mezcla de modo asombroso con la vida.
Es difícil encontrar un observador tan agudo de su época como lo fue Truman Capote. Su increíble ojo para el detalle, ya fuera para describir a la alta sociedad neoyorquina o a los asesinos más despiadados de Kansas, lo convirtió en un maestro del reportaje y de la no ficción. Esta colección reúne, en orden cronológico, todos los ensayos del autor sobre personajes tan emblemáticos como Charlie Chaplin, Pablo Picasso, Elizabeth Taylor, Coco Chanel y Marcel Duchamp. Capote consiguió captar, dentro del ambiente refinado en el que se movía, la vulnerabilidad de los seres con los que trabó amistad: la infinita tristeza de Tennessee Williams, la peculiar relación entre Marilyn Monroe y Arthur Miller, la generosidad del bastardeado Ezra Pound, las andanzas de Marlon Brando en Japón. Honesta, divertida y también desgarradora, la escritura de Capote se vuelve más fresca con el paso de los años. Allí donde otros escritores son sepultados en el olvido, Capote se impone con más fuerza y viene a confirmarnos que fue uno de los más grandes cronistas del siglo XX.
¿Quién era Capote antes de ser Capote? ¿Quién era antes de llevar la vida de un dandy en Nueva York, antes de internarse en Kansas a escribir la gran novela norteamericana de no ficción, antes de adoptar el apellido del segundo marido de su madre? Truman Streckfus Persons -tal era su verdadero nombre- tuvo una infancia de abandono y desencanto. Después del divorcio de sus padres, su madre lo mandó al campo con sus tías, en Alabama. Allí comenzó a escribir para mitigar el aislamiento. Esos relatos quedaron en el olvido durante casi ochenta años hasta que, en 2014, fueron descubiertos en la Biblioteca Pública de Nueva York por el editor suizo Peter Haag y su mujer, Anuschka Roshani. Los trece cuentos que integran esta antología revelan el talento temprano de Capote para observar lo que nadie más podía ver, para inventar historias, generar climas. Este libro ilumina nuevos aspectos del escritor que ya conocemos: un joven precoz, provocador, vivaz, conflictuado, extraño y brillante. Los primeros cuentos de Capote son una prueba del virtuosismo que lo llevó a crear sus grandes obras maestras y a convertirse en una leyenda de la literatura.
Un cajón exclusivo en el armario. La copia de una llave. Un te amo dicho a tiempo. Un mensaje agradeciendo una cena. Gestos de amor y muestras de interés que construyen los cimientos de cualquier pareja. Aunque muchas veces todo esto queda relegado por un muro que no puede atravesarse. El egoísmo, el hastío, la pereza e incluso el maltrato se entrometen en la relación y el desenlace final se vuelve inevitable, si es que antes no clausuraron la posibilidad de un verdadero comienzo.
Claire Keegan observa y escribe con la sensibilidad justa para convertir la típica historia de amor en un relato tan conmovedor como atrapante, y avanza sobre zonas incómodas de la intimidad de una pareja como la falta de generosidad o incluso el desamor. Bien tarde en el día confirma la agudeza de su estilo y se vuelve un reflejo de la imposibilidad del amor en los tiempos que corren, aunque también una vía de escape.