¿Es posible para una pareja amarse y ser felices cuando la cultura y las costumbres de cada uno son muy diferentes?
Corre el año 2014 y Siria continúa en una guerra sangrienta. Álvaro Sánchez, fotógrafo argentino residente en Barcelona, decide viajar para cubrir la contienda. Sus contactos lo conducen a la casa de Al Kabani, familia musulmana que le proporcionará los medios para introducirse en Duma, una de las ciudades tomadas por las fuerzas rebeldes al régimen.
Álvaro no imagina que ese viaje le deparará la aventura más arriesgada de su carrera y la llegada de un amor que hará tambalear todos sus paradigmas. Salma, una joven mujer árabe, lo enloquecerá. Por ella estará dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias. Juntos experimentarán pasiones y peligros que los llevarán al límite de sus fuerzas y pondrán en juego sus vidas en medio de una vorágine de violencia y prohibiciones.
La historia de la joven pareja está atravesada por otra más antigua, que transcurre durante el esplendor sirio de los años sesenta. En esa época de vaivenes políticos y duras restricciones impuestas a las mujeres irá forjándose la pequeña Nunú, cuya transformación personal marcará a fuego a Salma y Álvaro.
Viviana Rivero vuelve a sorprender y fascinar con una novela que lo tiene todo: amor, sensualidad, odio fraternal, tabúes ancestrales y un tenaz afán de superación. Una luz fuerte y brillante refleja el poder del amor frente al horror de la guerra y la energía imparable de las mujeres unidas contra la injusticia.
La Historia ha dejado una impronta indeleble en la familia que protagoniza esta saga: sus vidas accidentadas recorren más de cien años de la historia de Japón, desde la época colonial hasta la actualidad, pasando por la emigración a Estados Unidos y, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial en el frente del Pacífico. Así, mientras un médico retirado debe afrontar las consecuencias morales de sus terribles actos en tiempos de guerra, una mujer revela en una entrevista un asesinato durante la dura Ocupación norteamericana, o un hombre en la edad adulta se entera de que no nació de sus padres japoneses, sino de un recluta coreano esclavizado para construir el búnker de guerra para el emperador nipón. Todos, en mayor o menor medida, se enfrentan a un legado de pérdidas, imperialismo y guerras.
Mucho se ha escrito sobre soldados, aventureros y pícaros y sobre lo que, en sustancia, estos modos azarosos de comportamiento social significaron para las gentes de la España del siglo XVII. Fauna plural y variada en gustos, cubría toda la escala de la sociedad desde el aristócrata hasta el estudiante; se nutría de hidalgos empobrecidos; capitanes de fortuna, sirvientes y lacayos, aventureros desengañados, beatos, gente de iglesia, rufianes, ermitaños y los ciento cincuenta mil vagabundos que a fines del siglo XVI circulaban por España. Inclusive los propios escritores se dejaban, a veces, arrastrar por tan gustosas ocupaciones. Algunos de estos sujetos escribieron acerca de sí mismos mezclando la realidad con la fantasía, esta última con caracteres de retórica adjetiva cuya excrecencia percibe el lector.
En concreto, la voz y las teclas de la máquina de la persona que está escribiendo esta novela. Ella sabe que es un personaje de novela y, por suerte, la novela es fascinante, divertidísima y profunda. Aunque a veces intentará cambiarla. Sus compañeros de historia son alucinantes. Por ejemplo, Laurence, su pareja, tiene una abuela encantadora y aparentemente inofensiva. Pero descubre que ella y una banda de espías podrían estar traficando con diamantes escondidos dentro del pan.
Con un notable despliegue de talento y referencias propias de toda una generación, Constanza Gutiérrez retrata un mundo de profundas inconformidades en estos cuentos que son también sátiras agudas e hilarantes sobre el mundo contemporáneo. Los relatos que reúne este libro dan cuenta de un universo en donde el juego de espejos y reflejos del mundo virtual tiene atrapados a sus protagonistas, que deambulan con el mismo entusiasmo entre el K-Pop, Shakira, Juan Gabriel o entre Manuel Rojas, Gógol y Harry Potter. Pelusa Baby es un libro divertido, entrañable y perspicaz a la vez, que consagra a Constanza Gutiérrez como una de las voces más originales y brillantes de la narrativa chilena contemporánea.
Estas novelas "huérfanas" -como mascullaba en sus diarios el autor- fraguan la epopeya conocida como Los Años Setenta con destellos de la materia más cotidiana y perenne: el goce de ser una víctima y llorar lágrimas de cocodrilo; la pasión del cash, nunca tan intensa como cuando el dinero se esfuma en los vértigos de la inflación, el juego o el despilfarro; el pelo como ícono frívolo-político, lacio-burgués o afro-revolucionario, y cierta peluca célebre por participar del secuestro que inauguró la década en cuya órbita legendaria, nos guste o no, seguimos moviéndonos.
Reunidas por primera vez en un solo volumen, Historia del llanto, Historia del pelo e Historia del dinero narran cómo se forma una sensibilidad al calor de un puñado de pasajes decisivos: del colegio privado a la solidaridad socialista; de la novela familiar a la intemperie del mundo social; de la ilusión amorosa al desencanto; del culto de la imagen al duelo; de la ostentación y la opulencia a una bancarrota que es mucho más que financiera.
Lúcido hasta el extravío, Pauls dirige su haz de luz directo a los ojos de quien lee para que en la ceguera aprecie la materia risible de la que se nutre toda experiencia humana. La singular. Y la política.
«Será un testigo. Eso se dice. Atesorará todo lo que pueda ver para recordarlo después. Construirá los recuerdos de su futuro».
Un estudiante llega a una universidad de Colorado, en los Estados Unidos, en busca del sueño americano en su versión académica. La promesa del campus como un santuario en cuyas fronteras se han resuelto los problemas de Occidente -origen, raza, clase- sucumbe ante la realidad nocturna: los alumnos deambulan por los extramuros de la ciudad, a la caza de todo aquello que el día les niega: luz, compañía, ternura, certezas. La mirada del protagonista explora las historias que se enhebran durante una noche interminable: la obsesión por Sudamérica como destino romántico, sexual y político; los amores paralelos y tóxicos; la necesidad de borrar las señas de identidad para crear otras nuevas; la literatura como resguardo; el futuro en la forma de una oscuridad apenas iluminada por algunas estrellas lejanas y ajenas. Animales luminosos es una novela íntima donde se abordan los temas fundamentales de nuestro tiempo, como la migración y el choque cultural. Pero también los pequeños grandes dramas de un grupo de amigos que viven sus dudas con una profunda vitalidad, una en la que el amor se torna refugio y quizá, también, respuesta.
Londres, en la actualidad:
Lily, una joven enóloga inglesa a punto de viajar a Italia para trabajar en uno de los mejores viñedos del país, recibe una inesperada convocatoria de un despacho de abogados. Al acudir a la cita, descubre que su abuela nació y fue dada en adopción en Hope’s House, un hogar para madres solteras; las únicas pistas que tiene sobre su pasado familiar son una antigua receta de cocina manuscrita y un programa del teatro La Scala de Milán, de 1946.
Ya en Italia y con la ayuda de Antonio, un joven viticultor, Lily decide seguir ambas pistas, que la llevarán hasta una pequeña región del Piamonte donde descubrirá una fascinante historia de amor del pasado que cambiará su vida para siempre.
Milán, ochenta años atrás:
Estee, destinada a convertirse en la mayor prima ballerina de Italia, y Felix, heredero de una gran familia de empresarios, lo son todo el uno para el otro desde que se conocieron en la adolescencia, y, más que nada en el mundo, desean ser felices. Pero en una época en la que la moral y las normas sociales se imponen sobre la libertad de elegir un camino propio, ambos deberán enfrentarse con coraje y fortaleza al destino que otros han decidido para ellos.
Una novela arrolladora sobre secretos familiares, el poder del pasado y la fuerza del destino.
CREÍAS QUE YA NO SE PODÍA IR MÁS LEJOS EN EL THRILLER. TE EQUIVOCABAS. CARME CHAPARRO HA VUELTO A ROMPER LOS LÍMITES.
El primer ser humano revienta contra el asfalto a las diez y cuarenta y dos minutos de la noche del domingo dos de junio. Un hombre que camina al otro lado de la plaza levanta instintivamente la vista. Le da tiempo a ver a varias personas —no sabría decir cuántas, le cuenta luego a la policía— en los alféizares de las ventanas de un rascacielos. Y de repente, antes incluso de que pueda asombrarse por lo que está pasando, todas ellas saltan a la vez.
Saltan a la vez y estallan contra el suelo casi al mismo tiempo.
Y, de nuevo, ese ruido indescriptible. Aunque mucho más intenso.
Esa cálida noche de verano en Madrid diez personas se arrojan al vacío desde diez habitaciones de la planta séptima del hotel que preside la Plaza de España. Ninguna de ellas se había registrado en recepción. No llevan nada que les identifique. Hay una joven que apenas habrá cumplido los treinta años, pero también alguien de más de ochenta. Un cadáver lleva encima ropa por valor de más de seis mil euros. Otro viste con prendas que le había entregado una ONG. Sus mundos nunca se han cruzado. No se conocen. No hay huésped o empleado que recuerde haberlas visto en el hotel, ni objeto personal en las habitaciones desde las que han saltado; aunque sobre la mesilla de noche de la número setecientos dieciséis los investigadores encuentran un par de velas encendidas que parecen rezar a una pequeña virgen a la que iluminan con suavidad. Esa es sólo la primera de las sorpresas.