Esta novela rescata una biografía novelada del poeta, Pedro Garfias perteneciente a la Generación del 27, su vida en España, su paso por la Residencia de Estudiantes y amistad con los miembros de dicho grupo, su participación dentro de la guerra civil, su exilio en México y su muerte en la ciudad de Monterrey, al norte de México. ¿Qué es un extravío? ¿significa algo la pérdida? El corazón extraviado es una novela sobre los que no salen en la foto, aquellos artistas mujeres y hombres de la Generación del 27 que no formaron parte de la nómina, pero cuya existencia anodina, se empecina en aparecer. Fueron parte de la Segunda República y vivieron la guerra, acabando desplazados en el exilio.
¿Quién fue Pedro Garfias?
¿Quiénes fueron las Sinsombrero?
Qué fue Madrid con ellos y los demás, cómo fue su arte y la pérdida de España. Pedro Garfias, un poeta fotografiado con Lorca, Dalí y Buñuel, que luego desaparece para acabar en México, deambulando entre ciudades. Pero también es la historia de una librería y sus fantasmas, asimismo, la de un corazón desplazado de sitio desde la infancia por una extraña anomalía y un ritmo que no funciona bien. El extravío de la memoria del 27 es la misma del corazón descompasado.
Una épica historia de amor inspirada en el clásico Cumbres borrascosas, ambientada en el despiadado mundo del patinaje artístico de élite y con una protagonista decidida a labrarse su propio camino dentro y fuera del hielo.
«Todo el mundo cree que Heath Rocha fue mi primer amor. No es cierto. Mi primer amor fue el patinaje artístico».
Katarina Shaw siempre ha sabido que estaba destinada a llegar a lo más alto. Cuando conoce a Heath Rocha, un chico solitario, su conexión instantánea los convierte en un dúo formidable sobre el hielo... Hasta que un impactante incidente en los Juegos Olímpicos los separa definitivamente.
Estamos en los años sesenta y Ken Kesey, el autor de "Alguien voló sobre el nido del cuco", ha reunido a su alrededor a los «bromistas», una desmadrada corte de jóvenes radicales embarcados en novísimos proyectos de vida. Recorren los Estados Unidos de costa a costa en un autobús que conduce Neal Cassady (el mítico Moriarty de En el camino, de Kerouac, amado por Allen Ginsberg y por algunos de los mejores espíritus de su generación), y celebran la vida, el éxtasis orgiástico, las drogas que abren las puertas de la percepción. Y tienen a las fuerzas del orden y al F.B.I. en los talones... La utilización de monólogos interiores, diálogos y múltiples puntos de vista, recursos todos ellos provenientes de la literatura de ficción, combinados con técnicas propias del periodismo, como la investigación exhaustiva, las entrevistas minuciosas, el gusto por «la exclusiva» y un ojo agudísimo para el detalle revelador, dan como resultado este espléndido "Ponche de ácido lisérgico".
Publicada en 1947, Si esto es un hombre surgió en la imaginación de su autor durante los días de horror en Auschwitz. Los campos de concentración y exterminio, más que resguardados por las alambradas y los guardias, lo estuvieron por su propia monstruosidad, que los hacía inconcebibles. Es la sobriedad del testimonio de Primo Levi, una víctima que no grita pero que arranca el grito de la garganta de su lector, lo que devuelve al horror su realidad y lo hace inteligible como una siniestra señal de peligro.
«Si hubiera vivido un poco más, apenas tres años, Joseph Roth habría asentido ante la escena de Casablanca en la que el mayor Strasser le pregunta a Rick por su nacionalidad. "Soy un borracho", responde este. Roth habría respondido igual si alguien le hubiera preguntado. Todos sus lectores lo sabemos porque lo dejó clarísimo en sus libros, en sus dibujos y en lo que los biógrafos han descubierto de su vida. También sabemos que no le preguntaron por su nacionalidad, porque Roth fue uno de los miles de apátridas que se morían del asco en la Francia a punto de rendirse ante Alemania. En un país lleno de refugiados con pasaporte Nansen (cuyo papel era tan malo que se deshacía al segundo trámite), la gente había perdido la costumbre de preguntarse por nacionalidades que ya no existían. "Así soy realmente: maligno, borracho, pero lúcido. Joseph Roth", escribió en la dedicatoria de un autorretrato que se hizo en París en noviembre de 1938, seis meses antes de su muerte».
«El entusiasmo y la capacidad de identificación que Jane despierta resultan tan profundos que la interpretación contemporánea ha colocado a la escritora en el centro de su familia, de su sociedad e incluso de su tiempo, y la contempla y debate sobre ella, sus gustos, sus amoríos, sus desgracias o sus características literarias conforme a la importancia de la que en la actualidad goza. Es agradable que el tiempo compense algunas de las crueldades con las que la Historia afligió a las autoras del siglo XIX, pero insistir en esa versión nos lleva a perdernos una de las miradas más interesantes, más inteligentes y peor comprendidas de la historia de la literatura».