Poco antes de la muerte de Franco, en la madrugada del 27 de septiembre de 1975, tres jóvenes fueron ejecutados en la sierra de Madrid. Daniel, Hidalgo y Pito habían sido detenidos y torturados por la policía, acusados de matar ese verano a un policía y a un guardia civil. La condena se impuso sin juicio legal y de forma precipitada, después de una farsa militar en la que no hubo pruebas ni posibilidad de defensa. Junto a otras dos ejecuciones, aquellos jóvenes fueron los últimos fusilados por el Régimen.
Muchos años después, Aroa Moreno Durán encuentra por casualidad, muy cerca de su casa, las huellas de aquellos asesinatos: en el monte donde tantas veces ha acampado de joven existe todavía el talud donde se llevaron a cabo las ejecuciones. ¿Cómo es posible que ella no supiera nada al respecto? ¿Cómo pudo este hecho quedar sepultado en las crónicas de nuestra historia más reciente?
A caballo entre la ficción y la crónica más personal, esta sobrecogedora novela, cimentada sobre una investigación exhaustiva y la bella prosa de Moreno Durán, ilumina uno de los episodios más siniestros del final de la dictadura española.
Una historia conmovedora sobre bodypositive, amistad y amor propio.
Dafne y sus amigas acaban de mudarse, ¡y ya están hartas de la música a todo volumen del vecino! Cuando Dafne va a quejarse, lo último que espera es encontrarse a Eloi, su mejor amigo de la infancia, al que no ve desde hace diez años.
Reencontrarse no entraba en sus planes, aunque tal vez sea justo lo que ambos necesitan. Dafne sueña con ser actriz, pero cada vez le parece más imposible; está harta de ir a castings y que la rechacen porque su cuerpo midsize no encaja en el perfil. Eloi, por su parte, está frustrado porque quiere montar su primera exposición, pero le dicen que sus fotografías no tienen nada que las haga destacar.
Entre dudas y miedos volverán a conocerse, ya que hay conexiones que nunca se pierden... y que podrían convertirse en algo más. Porque, quizás, ser normal sea lo que los haga extraordinarios.
Publicada con motivo del centenario del nacimiento de Julia Uceda, una de las autoras más importantes de su generación y de la poesía española contemporánea, esta antología es fruto de la colaboración entre la poeta, que trabajó en ella hasta poco antes de su muerte en 2024, y su sobrino el artista Francisco Uceda. A todo lo que pase y se borre y se pierda recoge poemas de sus diez libros publicados, desde Mariposa en cenizas (1959) hasta Escritos en la corteza de los árboles (2013), y los acompaña de ilustraciones expresamente realizadas para la ocasión, en una hermosa edición que rinde homenaje a la memoria de Julia Uceda y reivindica tanto su perdurable ejemplo moral como la fuerza y la singularidad de su poesía.
Una distopía ligera, adictiva y original, con personajes que abrazan la diversidad y un fondo reflexivo que recoge inquietudes muy actuales.
En Anavrin los cuerpos son meros continentes. La conciencia de los anavrianos salta de uno a otro cada cierto tiempo para garantizar la estabilidad de esta ciudad, la única existente en el nuevo mundo. Alma es una anavriana ejemplar, pero se hace a menudo una pregunta: quiere saber por qué brilla el cielo cuando es de noche. La necesidad de respuesta aumenta cuando conoce a Marlen, que le llama la atención por su sonrisa. Marlen despierta en Alma una curiosidad que podría considerarse ilegal y eso hace que sienta miedo a despertar en otro cuerpo y en otro lugar, lejos de ella. Más allá del núcleo, en la periferia, la vida es muy distinta, y fuera de la muralla, de donde vienen los visitantes, está el territorio secreto de Tressed, un lugar en medio del desierto donde los saltos no existen. Hasta allí llegará la protagonista de esta distopía adictiva y original, con una trama absorbente, personajes que abrazan la diversidad y un fondo reflexivo que recoge inquietudes muy actuales.
«Pero en definitiva, ¿qué es Lo Nuestro? Por ahora, al menos, es una especie de complicidad frente a los otros, un secreto compartido, un pacto unilateral».
Martín Santomé, viudo con tres hijos, en las vísperas de su jubilación comienza a registrar en un diario su vida gris y sin relieve. La vida cotidiana de la rutina en la oficina y la de un hogar desunido y crispado se verán alteradas cuando irrumpe en su rutina la joven Laura Avellaneda, su nueva empleada. Y este hombre, casi sin proponérselo, decide abrir en su vida un paréntesis luminoso.
Ella solo quería su beca. Él, dejar de ser «el hijo de». Lo que ninguno esperaba era convertirse en la presa del otro.
Sierra O’Brien lleva años luchando por su sueño: una beca para las prácticas universitarias en el santuario de animales más importante del país, el Imugi. Nada ni nadie va a desviarla de su objetivo. Ni siquiera Kang ni su sonrisa arrogante, sus botas Dr. Martens o su molesto historial compartido.
Kang es el hijo del dueño y fundador del Imugi, ese al que todos acusan de nepotismo. Está harto de que todos lo traten como «el hijo de», incluida la insolente pelirroja con la que ha compartido toda la carrera. Pero él tiene claros sus objetivos: demostrar su valía, conseguir un puesto… y superar su obsesión por las pecas de O’Brien.
Lo que ninguno de los dos esperaba es que, entre voluntariados, capibaras delincuentes y algún misterio, también haya espacio para una atracción imposible de ignorar.