«—¿Qué es lo que más desea nuestro corazón? —preguntó Arianne, entrecerrando los ojos.
—Venganza. —Hablaba en voz baja, como si temiera que pudieran oírlo—. Justicia.»
Entre campos de batalla llenos de fantasmas y lúgubres fortalezas en ruina, entre ciudades convertidas en cementerios y tierras reducidas a osarios, la guerra de los Cinco Reyes toca a su fin.
La casa Lannister y sus aliados parecen haber salido victoriosos. Sin embargo, algo se remueve en las entrañas de los Siete Reinos y, mientras cuervos en forma humana se dan un festín de cenizas, se forjan nuevas alianzas y complots.
Pero incluso en esta paz del rey, aparentemente consolidada, fuerzas inesperadas se preparan para lanzar un ataque sangriento. Los hombres del hierro, liderados por Ojo de Cuervo, herederos de un culto olvidado, atacan al suroeste, obligando al Trono de Hierro a enfrentarse a un desafío sin precedentes.
Y de las brumas de un recuerdo enterrado hace mucho, una profecía siniestra amenaza la soberanía de la reina Cersei...
No pudo evitar preguntarse por qué el asesino de sus padres la quería viva. Y si eso no era una razón suficiente para desear estar muerta.
Cuando la mañana del 10 de agosto del año 30 a.C. la reina egipcia Cleopatra es encontrada muerta por la guarnición romana encargada de custodiarla para llevarla a Roma para el desfile triunfal de Octavio, la cólera de los romanos recae sobre sus dos hijos mellizos, Cleopatra Selene (Luna) y Alejandro Helios (Sol), de apenas diez años. Son acusados de haber ayudado a su madre a darse muerte, escatimando así el golpe de efecto que hubiese tenido la presencia de la orgullosa egipcia encadenada por las calles de Roma. Los mellizos, juntos con su hermano menor, Ptolomeo Filadelfo, son apresados y llevados a la península itálica. Son los hijos de la reina vencida y del triunviro Marco Antonio, que se ha suicidado también ante la victoria de Octavio.
Los niños llegan horrorizados a Roma en compañía de su tutor y son obligados a desfilar encadenados ante el carro de Octavio, el futuro emperador Augusto, pero su corta edad despierta la compasión del pueblo romano. En la creencia de que quizá puedan serle útiles en el futuro, Octavio accede a perdonarles la vida y ponerlos bajo la tutela de Octavia, su hermana y la legítima esposa de Marco Antonio, la mujer a la que abandonó para unirse a Cleopatra.
En 1931 Ramón J. Sender publicó en la editorial madrileña Zeus "El Verbo se hizo sexo (Teresa de Jesús)", novela que, como señaló el autor en el prólogo, no pretendía ser una biografía al uso de la escritora y santa abulense. El libro conoció ese mismo año una segunda edición, en la que el único cambio con respecto a la primera fue la ilustración de la cubierta. La novela no se reeditó en vida de Sender, quien en 1967 volvió a publicar un libro protagonizado por santa Teresa, "Tres novelas teresianas", una colección de novelas cortas. "El Verbo se hizo sexo" se estructura en quince capítulos agrupados en cuatro partes ―«Adolescencia», «Crisis de pubertad», «La pasión» y «Reposo y santidad»― y en ella el autor recoge algunos de los episodios más significativos de la vida de Teresa de Jesús, prestando especial atención a su labor como reformadora de la Orden del Carmelo y fundadora de conventos, a sus experiencias místicas y a la vigilancia a la que la sometió el Tribunal del Santo Oficio. Al mismo tiempo, Sender ofrece en esta novela un fresco certero de la España del siglo XVI y da unas pinceladas de la difícil situación en la que se encontraba la Iglesia católica en aquella época debido a la Reforma de Lutero.