Inglaterra, 1881. El joven médico Simeon Lee acude a la llamada de su primo enfermo en la isla de Ray. El pastor Howes está convencido de que ha sido envenenado por su cuñada Florence, quien, tras ser acusada de matar a su esposo, vive encerrada en una habitación con paredes de cristal en la biblioteca de la mansión.
California, 1939. Todo apunta a que el escritor Oliver Tooke se ha suicidado, pero su amigo Ken Kourian no lo tiene claro, por lo que se sumerge en una investigación que lo lleva al secuestro del hermano de Oliver cuando ambos eran niños. Para descubrir la verdad, Ken deberá descifrar las pistas escondidas en la última novela de su amigo, Relojes de cristal, un libro con dos relatos capicúa sobre un joven médico llamado Simeon Lee.
Viajamos para estar en otro lugar. Amamos justo para lo mismo. Persiguiendo ese sueño, Cameron abandona su EE.UU. natal para vivir en Barcelona. Aquí triunfa como influencer de moda y encuentra el amor. Pero también la enfermedad. Y el abandono. Su vida de ensueño se desmorona, quedándole un único consuelo: espiar la casa de enfrente, donde vive su exmarido con su actual esposa. Cuando la hija del matrimonio desaparece, las sospechas recaen sobre Cameron. Pero hay alguien especialmente interesado en averiguar si la joven influencer cometió el crimen: ella misma.
Con una prosa ligera y en apariencia banal, salpicada de humor, Joaquín Camps consigue que, sin advertirlo, nos miremos por dentro. Las páginas vuelan porque hay dos misterios que resolver: quién se llevó a María y por qué el deseo, ese pequeño carburador que traemos de serie, lo cambia todo en cuanto empieza a bombear.
Descubrieron su pasado, comprendieron su presente, dibujaron su futuro.
Gala Marlborough viaja con sus dos hijas, Kate y Adele, a un pequeño pueblo del Empordà con la única intención de cobrar la herencia de un familiar desconocido y retomar cuanto antes su vida en Nueva York. Ignora que esa decisión activará una perfecta, sutil y acompasada maquinaria dispuesta a desempolvar mentiras enterradas, secretos familiares y sanar almas entregadas a la amargura del dolor.