He llamado la atención de un monstruo.
Yo no lo he buscado.
Ni siquiera lo he visto venir.
Y, cuando por fin me doy cuenta, ya es demasiado tarde.
Killian Carson es un depredador envuelto en el más sofisticado encanto.
Una persona fría, manipuladora y cruel.
Lo peor de todo es que nadie ve su lado malvado.
Pero yo sí.
Y eso me costará todo lo que tengo.
Huyo, pero ¿sabéis qué pasa con los monstruos?
Que siempre te persiguen.
El adjetivo que mejor define la poesía de Cristina Rivera Garza, una de las escritoras más relevantes de la literatura mexicana actual, es «indómita». Porque quiebra los géneros con un sinfín de formas que van desde los posteos o los tuits hasta los textos comunales, los telegramas y las bitácoras, pero también porque rompe la sintaxis y hasta el mismo lenguaje. Estas profundas fisuras señalan ausencias: de cuerpos —más de cien mil personas han desaparecido en el lapso de dos décadas en México— y de palabras.
Sus versos salvajes tejen nodos territoriales y afectivos, evocan corporeidades, juegan con la autoficción, construyen múltiples voces, tienden vasos comunicantes con su narrativa y están atravesados por las obsesiones que vertebran su obra: la violencia y la muerte, la enfermedad y el amor, el sueño y la razón. Son poemas que convierten a sus lectores en «traductores-detectives-cómplices» y que viven más allá de la página.
La historia de Gen es la de un superviviente que nos muestra, a través de su mirada, cómo su mundo se convierte en un infierno. Con tan solo seis años, conoce el sufrimiento de los que pierden a un ser querido a manos de la guerra; o de los que, como Natsue, la niña que conoce pocos días después del ataque, han quedado desfigurados por las quemaduras. Gen, su madre y su hermana Tomoko, nacida de forma prematura a causa del estrés postraumático, deberán aprender a vivir en una ciudad en la que solo parece tener cabida la desesperación. La desgarradora tragedia de Gen se inspira en la experiencia del propio autor, que en agosto de 1945 también era un chiquillo de seis años incapaz de comprender lo que ocurría.
Esta monumental obra es una oda a todos aquellos que sobrevivieron, un homenaje a los que perdieron la vida y un recordatorio de los horrores que el hombre es capaz de crear. Pies descalzos no solo trata los terribles efectos de la bomba atómica, sino que también muestra los dilemas éticos a los que debe enfrentarse una familia humilde cuyo único deseo es poder vivir en paz en el marco de una cultura conservadora, militarizada y entregada a una causa bélica.
«Este libro reúne, por primera vez, la correspondencia entre los cuatro principales novelistas del Boom latinoamericano: Cortázar, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa. Los dos últimos recibieron el Premio Nobel, y los dos primeros lo merecían; a nadie hubiera sorprendido que lo obtuvieran. Esta conversación entre cuatro amigos brillantes y exitosos nos ofrece un acceso sin precedentes a sus relaciones personales y colectivas, con todos sus encuentros y desencuentros, y nos abre una ventana privilegiada a la literatura y la política latinoamericanas, especialmente durante un periodo crucial de su historia moderna, entre 1959 y 1975.
»Las cartas del Boom narra el momento de máximo auge de este cuarteto, en el que los creadores parecían empezar a escribir menos solos para tocar en conjunto como parte de una misma literatura, y ahonda en ese reconocimiento y esa regeneración de un pasado en común.
»Encontrar cuatro grandes escritores en un contexto histórico casi sin paralelo, comunicándose durante varios años para dialogar sobre novela, literatura, historia latinoamericana, sus propias biografías y la dinámica de sus ideas dentro de ese contexto, es absolutamente único. Las páginas de este libro cuentan esa historia».
Los editores
«En esta noche sin igual concluyen cuatro años de una guerra monstruosa y de una lucha indecible en la que Francia bregaba con su vergüenza y su rabia. Quienes nunca perdieron la esperanza ni en sí mismos ni en su país hallan bajo este cielo su recompensa. Esta noche vale sobradamente un mundo, es la noche de la verdad.»
En 1944 Albert Camus ya había publicado El extranjero y El mito de Sísifo, pero fueron sus artículos en Combatlos que lo dieron a conocer y le hicieron emerger como un líder moral e intelectual. Entre el otoño de 1943 y junio de 1947, fue redactor jefe y editorialista de este periódico de la Resistencia. Sus textos nos ofrecen el lúcido testimonio de un periodista consciente de sus responsabilidades tanto durante la ocupación como tras ella, cuando hubo que repensar la vida cotidiana y al mismo tiempo dibujar el futuro de Francia y Europa.
Empeñado en introducir la moralidad en la política, Camus reacciona ante temas y acontecimientos como las deportaciones, la liberación, la justicia para los colaboracionistas, el regreso de los prisioneros de guerra, la escasez de alimentos, el papel de las instituciones internacionales en la posguerra, las injusticias coloniales (y, en particular, el problema de Argelia) y la situación de la prensa.
Más de setenta años después de su publicación, estos textos siguen resultando conmovedores y muy impresionantes, y oímos en ellos la voz apasionada de un escritor dispuesto a participar en la Historia con su intenso afán de justicia, libertad y verdad.
La historia humana está plagada de individuos cuyos nombres perdurarán por siempre; hay otros tan icónicos que se los conoce solo por su nombre de pila. Pero existe otra categoría, la de aquellos que ni siquiera pueden ser nombrados y para quienes basta con una letra: a ella pertenece Benito Mussolini.
Esta es la biografía novelada de un hombre y, a través de él, también la de una época entera, la del surgimiento del fascismo. Pero M. El hijo del siglo es sobre todo una historia vibrante, hipnótica, con la profundidad de un ensayo y el ritmo narrativo de la mejor ficción contemporánea, sobre cómo una sociedad decidió entregarse a los delirios de grandeza de un solo hombre.