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DEJA DE DECIR MENTIRAS

Estando de paseo por su región natal, el narrador, que no es otro que Philippe Besson, ve en el vestíbulo del hotel a un joven cuyo parecido con su primer amor lo golpea como un puñetazo. A partir de ahí, retrocede veinticinco años en el tiempo hasta el primer encuentro entre dos adolescentes totalmente opuestos: uno, más bien tímido, es hijo de profesor, alumno aplicado y lector empedernido; el otro, Thomas, es hijo de campesinos, rebelde, carismático y misterioso, ídolo de las chicas del instituto. Desde el primer momento, la atracción entre ellos es inmediata, sin equívoco. Los encuentros clandestinos que vienen después se bañan en una fascinación teñida de culpabilidad y de negación. El secreto que los envuelve los hace mucho más intensos. Sin embargo, Thomas se muestra incapaz de expresar sus sentimientos y de aceptar lo que es. Desaparece de la vida del narrador tan súbitamente como había entrado, dejando al joven Philippe con la herida de un primer amor inconcluso. Cuando era pequeño, mi madre no paraba de repetirme: «Deja de decir mentiras». Al parecer, inventaba tan bien las historias que al final ella no era capaz de distinguir lo verdadero de lo falso. Acabé convirtiéndolo en oficio: me hice novelista. Hoy obedezco, por fin, a mi madre: digo la verdad. Por primera vez. En este libro. Por si acaso, aviso: no hay ajuste de cuentas, ni violencia, ni neurosis familiar. Pero sí un amor. Un amor inmenso y mantenido en secreto que al final volvió a buscarme.
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LO QUE SIEMPRE QUISE DECIRTE

Cuando un friends to lovers se convierte en un amor prohibido, puede pasar de todo. Claudia no quería enamorarse. Solo quería empezar de cero, dejar atrás su ciudad, perseguir sus sueños en Madrid y sobrevivir al caos. Lo que no esperaba era reencontrarse con él. Álex siempre ha formado parte de su vida. Siempre lo ha sido casi todo. Pero esta vez ya no son niños. Esta vez no pueden esconder lo que sienten. Entre mensajes a deshoras, listas de propósitos y silencios incómodos, Claudia tendrá que decidir si merece apostar por lo que siente, aunque todo parezca estar en su contra. Una novela sobre los amores que duelen, los secretos que pesan y las personas que, pase lo que pase, siempre vuelven.
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CUANDO SEAS MIA (AMOR POSESIVO 1)

El asesinato nos unió. Solo la Muerte puede separarnos. El Cazador: Calista me pertenece. pero ella no lo sabe. Cuando nos conocimos, la deseé. Cuando nos volvimos a ver, me obsesioné. La vigilé. La seguí. Esto no hizo más que aumentar mi necesidad de poseerla. Cuando sea mía, no la dejaré marchar jamás. La Víctima: Hayden Bennett es un monstruo, dentro y fuera del juzgado. Por desgracia, necesito su ayuda. Lo que iba a ser una simple transacción se convirtió en algo más. En algo intenso. Siempre está ahí cuando lo necesito, Pero no sé si confiar en él es una buena idea. Cuando seas mía es la primera entrega de la bilogía Posesión y acaba con un cliffhanger. Está protagonizado por un héroe moralmente gris que es celoso y posesivo. Es un acosador que se enamora primero, tiene energía de Tócala y te mato y está dispuesto a hacer lo que sea por poseerla.
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EL HOMBRE DUPLICADO (AR)

¿Qué sucede cuando Tertuliano Máximo Afonso descubre a los treinta y ocho años que en su ciudad vive un individuo que es su copia exacta y con el que no le une ningún vínculo de sangre? Ése es el interrogante que Saramago, explorando de nuevo las profundidades del alma, plantea en El hombre duplicado. ¿Cómo saber quiénes somos? ¿En qué consiste la identidad? ¿Qué nos define como personas individuales y únicas? ¿Podemos asumir que nuestra voz, nuestros rasgos, hasta la mínima marca distintiva, se repitan en otra persona? ¿Podríamos intercambiarnos con nuestro doble sin que nuestros allegados lo percibiesen?
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LAS ARMAS SECRETAS

«Que la música salve por lo menos el resto de la noche, y cumpla a fondo una de sus peores misiones, la de ponernos un buen biombo delante del espejo, borrarnos del mapa durante un par de horas». Las armas secretas (1964) reúne cinco cuentos que forman parte de la mejor tradición del género. En medio de la excelencia de relatos como «Cartas de mamá», «Los buenos servicios» y «Las armas secretas», destacan dos obras maestras: «Las babas del diablo» (adaptado al cine por Antonioni en su recordada Blow up) y «El perseguidor», quizás el más perfecto y conmovedor homenaje a un genio del jazz como Charlie Parker.
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OCTAEDRO

«A vos que me leés, ¿no te habrá pasado eso que empieza en un sueño y vuelve en muchos sueños pero no es eso, no es solamente un sueño? Algo que está ahí pero dónde, cómo». Cuando Cortázar parecía haber alcanzado la perfección en el género, Octaedro (1974) aportó novedades en su maestría incomparable a la hora de escribir cuentos. Los ocho relatos que componen Octaedro —una figura tan geométrica como misteriosa, tan perfecta como reticente— entremezclan cierto contenido social y político que Cortázar había abordado en Libro de Manuel (1973) con sus temáticas más recurrentes: el amor, el sueño, la enfermedad, la muerte, el umbral entre lo cotidiano y lo fantástico. Pero, además, estos relatos funcionan como caras que, en su conjunto, van completando el sentido de la figura total: así, quien relata su propia muerte en «Liliana llorando» tendrá su contracara en «Las fases de Severo». Cada una de las tramas encuentra a lo largo de este libro continuaciones alternativas, extrañas formas de resonancia. Compacto y, al mismo tiempo, ilimitado; preciso y también impredecible, si a un libro de cuentos le cabe el atributo de novela encubierta, no hay dudas de que es a Octaedro.
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