Dune será siempre considerada el gran triunfo de la imaginación que convirtió a Frank Herbert en uno de los grandes visionarios de la literatura universal. Hoy este gran clásico vuelve a estar de actualidad porque pronto inspirará una película y una serie de televisión dirigidas por Denis Villeneuve, el director de Arrival y Blade Runner 2049. Es hora, pues, de reivindicar un libro mítico con esta edición para coleccionistas que reproduce las doce ilustraciones interiores, firmadas por elprestigioso ilustrador Sam Weber, de la aclamada edición estadounidense, conmemorativa del cincuenta aniversario de Dune, de The Folio Society.
La historia comienza a miles de años en el futuro, en un gran imperio galáctico dividido en cuasi-feudos controlados por familias nobles. La clave para el control del Imperio se encuentra en Arrakis, un planeta desértico también conocido como Dune. El protagonista de la historia es el joven Paul Atreides, heredero del ducado de la Casa de los Atreides. Su padre, Leto Atreides, recibe de pronto la orden de trasladarse a Arrakis, y Paul deberá enfrentarse, por un lado, al emperador y, por otro, a sus antiguos enemigos, la Casa de los Harkonnen.
UNA OBRA MAESTRA UNIVERSAL Y ETERNA por primera vez en versión íntegra y traducción directa. Edición de lujo. El libro de la almohada es, probablemente, la obra clásica japonesa más leída en Occidente. Escrita a modo de diario íntimo por Sei Shonagon, al servicio de la emperatriz, nos permite acceder a la refinada corte de Heian y nos muestra, sin reparos, los deleites, las inquietudes, las veleidades y las predilecciones de una escritora única. Estas páginas, que pulverizan los siglos y las distancias culturales, narran la vida en la corte imperial de Japón de finales del siglo x a través de los ojos de una mujer excepcional ―inteligente, pícara, quizá algo vanidosa, pero de sensibilidad delicada y talento desbordante. Un libro que demuestra que los clásicos no son clásicos porque lo digan los académicos sino porque, por muchos siglos que pasen, siguen resultando frescos como el primer día. «La prosa de Sei Shonagon es transparente. A través de ella vemos un mundo milagrosamente suspendido en sí mismo, cercano y remoto a un tiempo, como encerrado en una esfera de cristal». Octavio Paz Presentamos por primera vez la versión íntegra, anotada y en traducción directa, de esta obra maestra de las letras japonesas, complementada con un amplio glosario cultural ilustrado.
El 18 de marzo llega una nueva entrega de La Comedia humana. Este volumen contiene las tres novelas que conforman Las ilusiones perdidas, perteneciente a las Escenas de la vida de provincia. Los dos poetas, Un gran hombre de provincias en París y Ève y David, conforman una de las obras cumbre de su autor.
En busca del tiempo perdido, el joven narrador sigue persiguiendo, sin encontrarla, su «vocación invisible» de escritor: «Le resulta a usted más entretenido no hacer nada», le dice su amigo Saint-Loup. Aunque va acumulando nuevas decepciones, lo encontramos más templado, algo menos introspectivo. Su gran iniciación es ahora en la antiquísima aristocracia del Faubourg Saint-Germain, un mundo tan jerarquizado y con tantas capas que moverse por ellas exige la pericia de un malabarista: el temor a no estar a la altura en una cena, las rivalidades y deseos de emulación entre familias y salones, los ingenios y los desprecios componen un cuadro de ansiedad social que despierta tanta admiración como burla. Vuelven a aparecer los temas del amor como «creación ficticia» y de las ambiguas conexiones entre sensibilidad y memoria, pero esta vez en un marco histórico determinado por el furor antisemita que produjo el caso Dreyfus. Gracias a él muchos advenedizos pertenecientes a «la Liga de la Patria Francesa y no sé qué más» consiguen colarse en los altos estamentos, «como si una opinión política fuera una calificación social»; y por culpa de él se pelean entre sí los mayordomos de distintas casas, que tienen una forma de pensar tan compleja como la de sus señores. El temible cronista de sociedad que siempre fue Proust despliega aquí la herencia balzaquiana en todo su esplendor e impregna incluso la representación compasiva de la intimidad y el dolor.
La Ilíada fue compuesta en verso. Fue concebida para ser recitada, y utiliza por tanto el hexámetro dactílico, un tipo de verso de seis pies en el que se alternan las sílabas largas y breves de un modo que confiere a la recitación un ritmo característico, ideal para ser acompañado con música: el inicio de una ininterrumpida tradición que ha dado lugar a los cantares de gesta, a los romances de ciego y al rap.
Pero han pasado tres mil años. Es tal la distancia temporal, tanta la diferencia de los referentes culturales entre el público que asistía entonces a la recitación y el lector actual de los textos homéricos, que es vano pretender reproducir, siquiera con una mínima aproximación, el efecto que la Ilíada pudo producir en las fechas cercanas a su creación.
A los veintinueve años, y tras haber compuesto un buen número de obras para los corrales de comedia, Pedro Calderón de la Barca logró una pieza de capa y espada modélica: La dama duende, amenísimo juego de amores, dudas, osadías y desplantes, cifrados en la tramposa alacena que preside y engrana una acción dramática magistral en su progresión y que se alimenta sobre todo de la confusión y el engaño.