Haciendo honor a la profunda creencia de su autor en «uno de los elementos emblemáticos de la vida» y el «apogeo en las relaciones humanas», este volumen reúne los mejors poemas de amor escritos por Mario Benedetti, donde vuelca su concepción de la vida: el amor como compensación de la muerte se levanta en sus versos lleno de fe, como fuerza principal que mueve al ser humano, como una proclama de la existencia, que va de la erótica del amante hasta la esperanza del revolucionario o la gratitud del amigo.
«Sonó el teléfono y supo que la iban a matar. Lo supo con tanta certeza que se quedó inmóvil, la cuchilla en alto, el cabello pegado a la cara entre el vapor del agua caliente que goteaba en los azulejos. Bip-bip. Se quedó muy quieta, conteniendo el aliento como si la inmovilidad o el silencio pudieran cambiar el curso de lo que ya había ocurrido. Bip-bip. Estaba en la bañera, depilándose la pierna derecha, el agua jabonosa por la cintura, y su piel desnuda se erizó igual que si acabara de reventar el grifo del agua fría. Bip-bip. En el estéreo del dormitorio, los Tigres del Norte cantaban historias de Camelia la Tejana. La traición y el contrabando, decían, son cosas incompartidas.»
La gran novela de Arturo Pérez-Reverte que abrió el camino del éxito internacional a los thrilles inspirados en el mundo de los libros. ¿Puede un libro ser investigado policialmente como si de un crimen se tratara? Lucas Corso, mercenario de la bibliofilia, cazador de libros por cuenta ajena, se enfrenta a esa pregunta cuando recibe un doble encargo de sus clientes: autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros y descifrar el enigma de un extraño libro, quemado en 1667 con el hombre que lo imprimió. La peligrosa indagación le llevará de los archivos del Santo Oficio a los libros condenados, de las polvorientas librerías de viejo a las más selectas bibliotecas de los coleccionistas internacionales.
Una impresionante fusión de los géneros policiaco e histórico en la nueva novela de Leonardo Padura. En 1939, el barco S.S. Saint Louis, con novecientos judíos que lograron huir de Alemania, estuvo fondeado varios días frente al puerto de La Habana a la espera del permiso para los refugiados. El niño Daniel Kaminsky y su tio esperaron en el muelle a que desembarcaran sus familiares, confiados en que usaran ante los funcionarios el tesoro que portaban a escondidas: un pequeño lienzo de Rembrandt que perteneció a los Kaminsky desde el siglo XVII. Pero el plan fracasó y el barco regresó a Alemania, llevándose con él toda esperanza de reencuentro. Muchos años después, en 2007, la noticia de que ese lienzo se subasta en Londres, provoca que el hijo de Daniel, Elías, decida viajar a La Habana desde Estados Unidos para aclarar qué sucedió realmente con el cuadro y su familia. Solo alguien como el Conde puede ayudarle en la misión. Y en los encuentros y las conversaciones sabremos que Daniel decidió cambiar radicalmente de vida y que le atormentaba un crimen. También que ese cuadro, una imagen de Cristo, tuvo como modelo a otro judío, que en la Amsterdam del siglo XVII rompió todas las convenciones de clase y de religión para trabajar en el taller de Rembrandt y aprender a pintar con el maestro.
El cazador y veterano de Vietnam Lleweiyn Moss descubre por casualidad la sangrienta escena de una carnicería entre narcos en algún lugar de la frontera entre Texas y México. Entre los cuerpos y los paquetes de heroína, descubre también algo más de dos millones de dólares. A partir de este momento comienza la violenta carrera de Moss por escapar de quienes quieren darle caza: Wells, ex agente de las Fuerzas Especiales contratado por un poderoso cártel; Antón Chigurh, una implacable máquina de matar; y un sheriff veterano de la Segunda Guerra Mundial que añora los viejos tiempos y esconde un doloroso secreto que lo mantiene vivo.
Siguiendo la línea iniciada en 1963 con Diario mínimo, Umberto Eco nos ofrece una nueva selección de textos en los que, mediante una ironía destructiva y a través de pastiches de diferentes géneros literarios, ataca tanto al mundo académico como a las necesidades de la vida cotidiana, entre las que se incluye el diseño de objetos y los intrincados laberintos de la burocracia. El hilo conductor de estos textos es el de un aparente «dejad que me divierta», tras el cual se oculta siempre una irónica indignación crítica y un sistemático juego instalado en el seno mismo del lenguaje.