En la vida te pueden pasar muchas cosas. A veces, no hace falta ni una semana ni un mes. En solo 24 horas, tu vida puede dar un vuelco: un mensaje inesperado, una despedida que no veías venir, una buena noticia que te cambia el ánimo, una resaca existencial (o de las otras). En resumen: la vida es una montaña rusa de emociones.
Este libro es una guía para esas ocasiones. Una recopilación de películas pensada para acompañarte justo cuando más lo necesitas. No importa si estás enamorado y sientes mariposas en el estómago, o si tienes ganas de matar al inútil de tu jefe, o si la vida simplemente te pesa y necesitas reír, echarte una lloradita o sencillamente sentirte comprendido.
Porque la vida está llena de momentos, algunos buenos y otros no tanto. Pero hay una cosa segura: siempre vas a tener una peli que te acompañe en el camino.
Una novela sobre los errores que traen un acierto, sobre las crisis de pareja, las despedidas, los reencuentros y el valor de la familia.
Anna ya no puede más. Habiéndose convertido en madre tan joven, la vida no le da un descanso, pero tampoco emoción. Al menos hasta que, por un error, la carta que era para su amiga termina en el buzón de Yago, un chico misterioso que no debería leerla… y, sin embargo, lo hace.
Y responde.
Lo que comienza como una simple equivocación se convierte en una conexión inesperada. Las palabras de Yago despiertan algo en Anna, una chispa que la impulsa a redescubrirse a sí misma y a su familia.
Una historia que empieza por el final y acaba con un principio: el nuevo cómic de Alfonso Casas.
Pude presentarte a algunos de mis monstruos, pero a este no podías conocerle.
Apareció en escena cuando tú ya te habías ido.
No podría ser de otra forma.
Acompaña a Alfonso Casas Moreno (y a su séquito de monstruos) en uno de los procesos más personales y más universales que existen: afrontar la pérdida de un ser querido.
Esta historia habla de aprender a convivir con la ausencia de aquellos a los que amamos, a la vez que sirve como una celebración del tiempo que compartimos.
Porque este no es un libro sobre la muerte, es un libro sobre la vida.
«Amantes son los cuerpos que sonríen antes de comer, que miran a los ojos antes de besar. Su pulsión está orientada al encuentro intersubjetivo, y por ello existe en la dimensión de lo ético. Lo cuerpos amantes desean derrocar el sistema heterosexual racializante y patriarcal porque desean borrar en la mirada de la otra el fantasma de una violencia vivida antes del encuentro entre los cuerpos amantes. Los cuerpos amantes, sujetos de este libro, anhelan la alegría de aquellas a quienes aman y se frustran con la herencia de un mundo simbólico que agrede y limita su capacidad de atención. Porque sonríen antes de comer y miran a los ojos antes de besar, no desean la mascarada de la otra, no encuentran descanso en la alegría ensayada y complaciente del género, ansían el encuentro a través de una esperanza de comunicación más veraz. Porque su pulsión existe en la dimensión ética, porque se practica en lo intersubjetivo, los cuerpos amantes, sobre todo, desearán haber amado bien».
Bryden y Sam lo tienen todo: carreras profesionales brillantes, un apartamento en un edificio exclusivo, buenos amigos y una hija a la que adoran. La vida perfecta para la pareja perfecta.
Hasta el día en que Sam recibe una llamada en su despacho porque Bryden no ha recogido a su hija de la guardería. Al llegar a casa con la niña, encuentra el coche de su mujer en el garaje. En el apartamento, el portátil de Bryden está abierto sobre la mesa, su móvil al lado, las llaves en su sitio habitual en la entrada.
Pero Bryden no aparece por ninguna parte. Es como si se hubiera evaporado.
¿Cómo puede haber desaparecido de su propia casa? ¿Ha salido siquiera del edificio?
A cada minuto que pasa —y a medida que las preguntas se acumulan entre quienes la conocían— el pasado de Bryden y Sam parece un poco menos perfecto, su edificio menos seguro, sus amigos, vecinos y familiares no tan fiables...
Fotógrafa y escritora, Babitz encarnó en su juventud una mezcla única entre la California más liberada y la élite cultural del momento. Jim Morrison le dedicó una canción, se dejó fotografiar jugando al ajedrez desnuda con Marcel Duchamp, presentó a Dalí y Frank Zappa, y contó entre sus amantes a Harrison Ford, Ed Ruscha o Steve Martin.
Babitz define sus memorias como «novela confesional», pero lo que aquí nos regala es más parecido a pasear con ella mientras la ciudad se rinde a su pedigrí provocador. Con un humor afilado, nos cuenta su vida como una amiga que ha tomado unas copas de más. Vemos a los jóvenes de L.A. a través de los ojos de una Eve adolescente tumbada en Venice Beach, compartimos viajes de LSD regados con champán en el Chateau Marmont en compañía de futuras estrellas del rock y nos enamoramos de esta bonne vivante capaz de dedicar un capítulo a los mejores tacos de la ciudad.
El otro Hollywood es el universo de una chica que adoraba las fiestas tanto como los libros de Henry James, Colette o Virginia Woolf. Es el paraíso de una joven que se entregó a la provocación y el ensueño de una ciudad que fue su razón de ser. Es, por encima de todo, la historia de una mujer que, en esa sociedad hipnótica y volátil, entendió las ventajas que comportaba mantenerse fiel a sí misma.
Ha sido un año tranquilo para el Club del Crimen de los Jueves. Joyce está volcada en los preparativos del banquete y el primer baile. Elizabeth se muestra más reservada de lo habitual. Ron lidia con problemas familiares, e Ibrahim sigue prestando terapia a su criminal favorito.
Pero cuando Elizabeth conoce a un invitado que teme por su vida, la emoción de la investigación vuelve a encenderse. Un villano quiere acceder a un código imposible de descifrar y no se detendrá ante nada. Sumidos en su caso más explosivo hasta la fecha, ¿logrará el grupo resolver el enigma —y un asesinato— a tiempo?
'Voy pensando que un libro nace de una insatisfacción, de un vacío, cuyos perímetros van revelándose en el transcurso y final del trabajo. Seguramente escribirlo es llenar ese vacío', confiesa mientras camina por Praga el narrador de Café Kubista, el cuento que sirve de entrada a Exploradores del abismo. Como él, los protagonistas de estas historias sutilmente conectadas son personas corrientes cuya actitud ante el mundo es la de un equilibrista sobre su hilo: avanzar por el precipicio y convertir lo desconocido en su única meta.
En un islote llamado Shutter Island, frente a la costa de Boston, se alza un conjunto de edificios de aspecto siniestro: se trata de un hospital psiquiátrico cuyos internos, todos hondamente perturbados y sometidos a una vigilancia estricta, han cometido algún crimen grave. El agente federal Teddy Daniels y su ayudante, Chuck Aule, son enviados allí porque una de las reclusas, Rachel Solando, parece haberse evadido de algún modo incomprensible de una celda cerrada a cal y canto. La única pista es una hoja de papel con una serie de números y letras sin significado aparente.
Mientras un furioso huracán azota el peñón, los dos policías se adentran en un mundo cada vez más opaco y angustiante, entre indicios de experimentos radicales y maquinaciones gubernamentales encubiertas que ensombrecen un caso ya de por sí extraño. A medida que su investigación avanza, las preguntas aumentan: ya no se refieren tan solo a la mujer desaparecida, sino a la naturaleza de todo lo que sucede en ese lugar rodeado por una valla electrificada y guardias armados. Y, cuanto más se acercan a la verdad, ésta se vuelve cada vez más esquiva, hasta el punto de hacerles creer que tal vez nunca puedan abandonar Shutter Island.