Ahí viene... el chico malo
La boda del año está a punto de celebrarse. La novia estará espectacular y el novio es el hombre perfecto para ella. Pero ¿qué hay de los invitados a la boda? Son una pesadilla. Y el padrino, el peor de todos.
Franchesca, la madrina de la boda, se toma muy en serio sus funciones. ¿Alguien secuestra al novio? No hay problema, ella se encarga de rescatarlo. ¿El padrino tiene un ego enorme? Por encima de su cadáver permitirá que arruine la boda de su mejor amiga. No importa lo atractivo que sea.
A Aiden Kilbourn, el padrino, no le interesan las relaciones, solo los negocios. Para él, conquistar lo inconquistable es el pan de cada día y así ha hecho su gran fortuna. Y no ha encontrado un desafío que no pueda superar. Pero ¿Franchesca Baranski? Esta chica sabelotodo de Brooklyn podría ser su perdición.
«Amantes son los cuerpos que sonríen antes de comer, que miran a los ojos antes de besar. Su pulsión está orientada al encuentro intersubjetivo, y por ello existe en la dimensión de lo ético. Lo cuerpos amantes desean derrocar el sistema heterosexual racializante y patriarcal porque desean borrar en la mirada de la otra el fantasma de una violencia vivida antes del encuentro entre los cuerpos amantes. Los cuerpos amantes, sujetos de este libro, anhelan la alegría de aquellas a quienes aman y se frustran con la herencia de un mundo simbólico que agrede y limita su capacidad de atención. Porque sonríen antes de comer y miran a los ojos antes de besar, no desean la mascarada de la otra, no encuentran descanso en la alegría ensayada y complaciente del género, ansían el encuentro a través de una esperanza de comunicación más veraz. Porque su pulsión existe en la dimensión ética, porque se practica en lo intersubjetivo, los cuerpos amantes, sobre todo, desearán haber amado bien».
El recuento del viaje espiritual de un hombre deLa mano de uno de los más grandes novelistasYidis de la historia.
Joseph Shapiro, judío polaco, huye de su país en 1939. Deambula por Europa y acaba en Rusia, en 1945, donde se reencuentra con Celia, una vieja amiga con quien se acaba casando. En 1947, el matrimonio emigra a Estados Unidos. Shapiro empieza una nueva vida y acaba ganando una fortuna con sus negocios inmobiliarios. No obstante, no se siente cómo con los valores de la sociedad que lo ha acogido, en la que se paga a la idolatría de todo género y parece que se desprecie la verdad. Como consecuencia de su malestar, inicia una incansable búsqueda de sí mismo y de las raíces de su cultura y su familia que, finalmente, lo llevará a establecerse en Israel.