En el futuro, la felicidad es una enfermedad contagiosa.
Y los riesgos de contraerla son tan peligrosos como la cura.
En todo el mundo se está propagando un virus y los supervivientes experimentan efectos inesperados: una satisfacción absoluta. Poco después de la infección, las personas descubren que el estrés, la tristeza, la ansiedad y otras emociones negativas han desaparecido.
A medida que la población empieza a disfrutar del alivio masivo, surge el descontento en los estratos más altos: quienes se lucran a costa de la inseguridad para vender sus productos (¡con envíos cada vez más rápidos!) saben que la situación les perjudica. Sin la insatisfacción como motor de consumo, muchos acusan una bajada de beneficios...
Mientras todos se guían por sus propios intereses, tres adolescentes se ven en el epicentro de un juego de poder y de una pandemia de felicidad, algo aparentemente maravilloso que plantea muchos interrogantes sobre nuestra forma de vivir. Y algo que podría cambiar para siempre a la humanidad.
Si, como dijo Alfonso Reyes, el ensayo es el centauro de los géneros, la crónica es un mestizo más exótico o salvaje: el grifo de la literatura. Este libro es una jaula sin barrotes donde merodean algunas de esas criaturas: la marchita eternidad de Acapulco y la vocación de Mazatlán como food court del alma; una temporada de rockstar en el desierto y un recuerdo del Mundial de Alemania 2006 robado por el autor a un examante de su novia; un hotel en Shanghái donde toca la banda de jazz más antigua del mundo y la visita de la reina de Inglaterra al puerto de La Paz, Baja California Sur; el brutal asesinato de una adolescente chilena en la región del Maule y un retrato a mano alzada del Fiscal de Hierro, persecutor de guerrilleros suicidas, homeópatas marxistas y gavillas narcomatriarcales que protagonizó la lucha contra la delincuencia organizada en los años setenta en Nuevo Laredo.
Las ocho narraciones de este libro realizan una de las suertes mayores de la literatura: ir de lo íntimo a lo general, o viceversa. También nos recuerdan que no hay promesas sin resaca.
Estar separados no es una opción para mí. Ni para ella
EL GUARDIÁN
Está en peligro.
La sola idea amenaza con volverme loco.
Haré lo que sea para mantenerla a salvo.
Incluso cosas con las que no esté de acuerdo.
Si Calista piensa que acosarla estuvo mal, se va a llevar una buena sorpresa.
LA PRISIONERA
Hayden está demente.
Y lo quiero.
Lo que no me gusta son sus métodos para protegerme.
Aunque cuanto más peligrosas se ponen las cosas, más cerca estoy de él.
Y de los secretos que me oculta.