La maestría de Hearn para traducir e interpretar las tradiciones orales de cada nación, junto con su excepcional talento narrativo, nos brinda una colección de relatos, algunos de ellos inéditos en nuestro idioma, que reflejan de manera excepcional las creencias, mitos populares y leyendas ancestrales de estas culturas milenarias. Un libro que nos invita a adentrarnos en un mundo repleto de magia, misterio y sabiduría y que rinde homenaje al arte de contar historias. En Lafcadio Hearn por las rutas de la seda celebramos, no solo la riqueza y diversidad de la narrativa Oriental, sino también el legado imperecedero de Koizumi Yakumo, el escritor que más ha contribuido a exportar la cultura japonesa y oriental a Occidente.
Esta novela inmensa, catalogada por algunos en la categoría de «novelas-mundo», imposible de situar en corriente literaria alguna, es una extensa e intensa meditación sobre el tiempo y la memoria, fundamentalmente, así como sobre el Arte, las pasiones y las relaciones humanas (como por ejemplo su descripción del proceso de los celos de Swann con Odette de Crécy, reflejo de los suyos propios con sus amantes, tanto femeninos como masculinos).
La obstetra Dra. Sophie Savard regresa a casa con los ritmos dolorosamente familiares de Manhattan a principios de la primavera de 1884 para reconstruir su vida despues de la muerte de su esposo. Con la ayuda de la Dra. Anna Savard, su amiga más querida, prima y compañera medica, planea continuar su trabajo ayudando a las mujeres desfavorecidas que la sociedad preferiría olvidar.
Mientras Sophie se dispone a construir una nueva vida para sí misma, el marido de Anna, el sargento detective Jack Mezzanotte les invita a ambas a consultar sobre dos nuevos casos: la esposa de un prominente banquero ha desaparecido en el aire y el cadáver de una joven se encuentra con heridas desconcertantes que sugieren que un asesino anda suelto. En Nueva York parece que el avance de la mujer ha sacado lo peor de algunos hombres. Incapaces de ignorar la difícil situación de los menos afortunados de Nueva York, estas intrepidas primas recurren a todos los recursos para proteger a sus pacientes.