Se reúnen en este volumen: El caldero de oro (1982), La orilla oscura (1985) y El centro del aire (1991). La primera es el relato de un tiempo mítico que reúne en sí el pasado y el presente, es la historia de quien regresa al pueblo de sus antepasados, abandonado y solitario, para encontrarse con un destino encerrado en su propia historia. La orilla oscura trata de la memoria y el sueño, el recuerdo y la evocación. El protagonista contempla cómo un viaje fluvial por la jungla sirve para que lo imaginario le lleve a esa otra orilla en la que la consciencia se convierte en un viaje hacia el propio origen. Por último, en El centro del aire dos hombres y una mujer, amigos de la niñez, descubren la posibilidad de que otra amiga no haya muerto en un accidente aéreo, como ellos creían, sino que se encuentre en algún lugar lejano, ocultando su verdadera personalidad.
Se reúnen en este volumen Las visiones de Lucrecia (1996), El heredero (2003) y La sima (2009). La primera es el relato de un tiempo tan intolerante como mítico, el Siglo de Oro español, y de una muchacha capaz de alucinaciones terriblemente cercanas a la realidad. La segunda y la tercera transcurren en época cercana: El heredero es una peculiarhistoria del siglo XX español a través de una saga familiar, y La sima, un acercamiento a la confrontación civil y al enfrentamiento cainita como cultura en una realidad, la España actual, donde el pasado, repleto de sombras, gravita sobre un presente que no ha conseguido cerrar las heridas causadas por la Historia.
«¿Cómo se puede amar a alguien y equivocarse tanto?», se pregunta uno de los personajes. La mayoría de estas magníficas Novelas cortas confiesan un error, una conducta vergonzosa, una oportunidad perdida, una sensación de haber sido la «estúpida quinta rueda de una carreta». El narrador, al tomar la palabra, atenta –tal vez por vez primera en la historia de la narrativa– contra su amor propio, pues lo que tiene que contar reduce su vida a un breve momento cuyo carácter decisivo no supo detectar. «Tu vida se dirige al futuro –le escribiría Turguénev a Tolstói–; la mía se construye sobre el pasado.» En este pasado se centra la mirada del escritor, cronista audaz y certero de la vida que elegimos y de la que no supimos elegir.