Después de ver a mi madre sucumbir a una misteriosa enfermedad, me prometí dos cosas: que encontraría la cura y que no volvería a la ciudad en la que la perdí.
Cuatro años después, me admiten en la Universidad de Dracadia, una de las más antiguas y prestigiosas del país, aunque se rumorea que está plagada de las almas de los enfermos exiliados allí siglos atrás.
Sin embargo, su infamia no es lo más oscuro de la institución. Devryck Bramwell, conocido en el campus como el Doctor Muerte, es un brillante patólogo a cargo del laboratorio nocturno. Aunque parece detestar a los tenaces estudiantes de primer año como yo, su mirada oscura y enigmática me dice que me devoraría a la más mínima oportunidad…
Ansío su autoridad. Él, la redención. Y juntos somos puro veneno.
Los muertos tienen mucho que enseñarnos, y solo es cuestión de tiempo hasta que el secreto más corrupto de Dracadia resucite.
En una antigua zona de marismas de la capital islandesa, aparece flotando en un estanque el cadáver de un vagabundo. Como a casi nadie le importa su muerte, la policía archiva rápidamente el caso. Un problema menos. Sin embargo, un joven agente llamado Erlendur, que conocía al mendigo de sus rondas por el corazón de la ciudad, empieza a obsesionarse con las circunstancias del trágico suceso. Hay varios detalles que indican que no se trató de un simple accidente y Erlendur tiene la firme convicción de que todos merecen justicia.
«Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre), uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz azul se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido. Este libro se titula Noches azules porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz. Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición.»