Fahrenheit 451 narra la historia de Guy Montag, un bombero cuya misión no es sofocar incendios, sino producirlos; quemar los libros que algunos todavía atesoran. Mientras tanto, la población disfruta del ocio oficial que llega a sus salas a través de las pantallas, un entretenimiento banal que ahorra el esfuerzo de pensar.
Mientras consideraba su mortalidad, Franz Wright encontró una nueva euforia y claridad en la página, entregando para nuestro examen el “yo” defectuoso pero arrodillado en gratitud en el que se había convertido. Desde "Entries of the Cell", el largo poema central que detalla la soledad del alma soltera, hasta breves poemas narrativos en prosa y letras tradicionales, Wright se deleita en el poder compensatorio del lenguaje, observando los faros diurnos que siguen a un coche fúnebre, o el viento, “bendiciendo uno por uno los capullos sin luz del regreso inadvertido del melocotonero doblado hacia atrás”.
En esta historia ambientada en una Londres cubierta de niebla, Robert Louis Stevenson estudia el vínculo entre el respetable doctor Jekyll y una enigmática figura llamada Edward Hyde, mientras explora las bajezas de la naturaleza humana y acaba tejiendo una fascinante trama de misterio en torno a la búsqueda de un asesino. El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde dio carta de naturaleza a la idea de la doble personalidad, y creó uno de los grandes mitos de la literatura victoriana, que resuena como nunca en español en la estupenda traducción de Miguel Temprano García.