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ESPERANDO A GODOT (AUSTRAL) (BOL)

Cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, pocos sabían quién era Samuel Beckett, salvo, quizá, los que ya lo conocían como exsecretario de otro irlandés no menos genial: James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria; sin embargo, para muchos pasó a ser «el autor de Esperando a Godot». Se dice que, desde aquella primera puesta en escena -que causó estupefacción y obtuvo tanto éxito- hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar del planeta, no se haya representado Esperando a Godot. El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco después de recibir el Premio Novel de Literatura en 1969, que Esperando a Godot era una obra «horriblemente cómica». Sí, todo lo horriblemente cómica que puede resultar la situación de dos seres cuya grotesca vida se funda en la vana espera de ese ser al que llaman Godot.
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ESPEJO VIEJO

Espejo Viejo es el título de este libro que nos propone 21 Miguel Ángel Medina Fernández, como parte de ese “manojo de experiencias”, que es su octogenaria vida; y al leerlo, resulta imposible no retener algo que podamos usar a nuestro favor, o bien ajustarlo a nuestra propia realidad, Cada composición emerge en un ambiente donde confluyen la humanidad y la naturaleza, para formar una asociación donde la una toma ejemplo de la otra, El amor a la Patria, a sus héroes y símbolos, a la familia, los hijos, la mujer, la tierra y cada ser que acompaña este viaje que significa la existencia. Miguel Ángel Medina ofrece con sencillez y belleza una imagen que no miente y que se vuelve cada vez más cercana e infinita.
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ESPAÑA

Publicada originalmente en 2008 con una gran acogida por parte de la crítica y el público, España se convirtió desde ese momento en un fenómeno literario de culto nada común. «Escribí España entre los años 2002 y 2007. Anidaba en mi corazón mucha rebelión y mucha vanguardia política y literaria. Y fue en ese momento de mi vida cuando me di cuenta de que todo lo que yo era, había sido y sería formaba parte de un tiempo concreto, una sociedad y una identidad cultural. Me di cuenta de que mi vida era un suceso insignificante que ocurría dentro del descomunal, anónimo y terrible océano de la Historia. Me di cuenta de que la Historia es la ficción suprema. »Mi identidad era la identidad de un español, lo aceptara o no. Quise entonces inventarme otra forma de estar en España. Me inventé un delirio personal. Esta novela es un delirio condenado al fracaso, pero la literatura siempre acaba en ese lugar, en el fracaso. Es el fracaso más honesto y más digno que conozco. España es un libro libérrimo, en donde la imaginación y el delirio campan a sus anchas. »También me di cuenta de que el pasado no existe, y de que la injusticia siempre estaría a mi lado. O que la injusticia y España eran la misma cosa, en una especie de eterno retorno, o de raro matrimonio. Quise romperlo todo, atacar las convenciones. Qué ingenuidad. Qué inocencia. Quería ser libre. Y aún sigo queriendo ser libre. »Recuerdo que titulé así esta novela, con título tan temerario, porque me parecía que la palabra más incómoda y casi maldita que existe en mi país es precisamente el nombre de mi país. Me parecía que ya solo ese hecho objetivo merecía un libro.
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