Esta sátira de la Revolución rusa y el triunfo del estalinismo, escrita en 1945, se ha convertido por derecho propio en un hito de la cultura contemporánea y en uno de los libros más mordaces de todos los tiempos. Ante el auge de los animales de la Granja Solariega, pronto detectamos las semillas de totalitarismo en una organización aparentemente ideal; y en nuestros líderes más carismáticos, la sombra de los opresores más crueles.
Theo Silva, vaquero indomable. Mujeriego empedernido. Un problema seguro envuelto en un cuerpo que corta la respiración.
Y me está mirando como si quisiera devorarme.
Pero por fin estoy a punto de escapar de un matrimonio tóxico y me he prometido que me mantendré alejada de los hombres, así que lo único que veo cuando lo miro es una tentación servida junto a una generosa ración de desamor.
Es difícil confiar en este hombre..., pero aún lo es más resistirse a él.
Más que difícil, es imposible, porque Theo no es de los que se rinden... Y por mucho que intente pasar de él, derrite mi gélida coraza y pulveriza todas mis defensas.
Mientras tomamos una copa en un bar del pueblo, le confieso mis secretos más oscuros y profundos. Y luego paso con él la noche más ardiente de toda mi vida.
Y luego le pido que olvide lo que ha ocurrido.
Se suponía que iba a ser una historia de una sola noche.
Un secreto.
Pero, por culpa de una consecuencia inesperada, va a ser un secreto imposible de guardar.
Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1926-Ciudad de México, 1999), hijo de libanés y mexicana, fue el menor de tres hermanos. Desde sus primeros escritos procuró evadirse de las frivolidades y de los éxitos fáciles, de las apariencias impostadas, de las declamaciones pomposas y huecas; pretendía ser un poeta que contara los incidentes que rodean y se encuentran en las propias realidades, sus propias experiencias, sus vivencias internas o externas, sus más cercanas circunstancias existenciales. A lo largo de su vida, rechazó, desde su mocedad, a la burocracia y el periodismo como modus vivendi: prefirió vender ropa en Tuxtla o fabricar alimentos para ganado. Más tarde combinó la escritura con empleos como comerciante y político. Durante sus últimos años un accidente lo mantuvo postrado en cama y víctima de una innumerable serie de intervenciones quirúrgicas.