Katherine Mansfield ha logrado retratar como nadie lo que se esconde debajo de la superficie. El entendimiento profundo acerca de las motivaciones de las mujeres en su época la ayudó a encontrar la absoluta tridimensionalidad de sus personajes femeninos. Así combinó lo bello con el espanto y lo sórdido con lo sublime, trabajando con sutileza las finas contradicciones que conforman las múltiples dimensiones de una vida.
Sara Morante, reconocida ilustradora de obras de autoras clásicas, como Jane Eyre, Emily Brontë o Sylvia Plath, es la intérprete perfecta del imaginario literario de Mansfield.
La historia de amor entre la joven Alma Velasco y el jardinero japones Ichimei conduce al lector por un recorrido a traves de diversos escenarios que van desde la Polonia de la Segunda Guerra Mundial hasta el San Francisco de nuestros días.
"A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno."
Stanislaw Poniatowski pasea por la soledad de su palacio, acaba de ser nombrado rey, pero los problemas no se han hecho esperar: las deudas de la corona son incontables, su familia confabula contra él y sus vecinos, Rusia, Austria y Prusia, amenazan con destruir todo aquello por lo que ha luchado. ¿Será capaz de mantener su reino unido? Doscientos años después, Elena es parte de un México que busca la anhelada «modernidad» y su trabajo como periodista le permite ser testigo privilegiada de esa transformación, involucrándola además en experiencias de todo tipo, desde encuentros con políticos y guerrilleros hasta amores y pérdidas irremplazables. Este libro concluye la historia del último rey de Polonia, desde su coronación hasta su inevitable desenlace como el mayor perdedor de una Europa marcada por las conspiraciones. Al mismo tiempo, a lo largo de sus páginas se va dibujando un espléndido mosaico de los claroscuros culturales y políticos de México. Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, da un cierre magistral a su novela más personal, donde las pasiones de reyes y cortes lejanas se entretejen con las búsquedas y obsesiones de una escritora única.
«Llegó Cirro, el tiempo escampa».
Cantero es un joven desorientado y sin voluntad que no sabe qué hacer con su vida. Perdió a sus padres y ha sido expulsado de la casa de su tío, que se siente traicionado por él. Vive a la que salta y acaba a merced de Cirro Cobalto, un personaje que lo enreda de mala manera y lo mantendrá bajo sus órdenes con extrañas encomiendas. Otros dos misteriosos personajes, Denís y Lombardo, intervendrán en los acontecimientos que le llevarán a las más inesperadas situaciones, entre el riesgo y la irrealidad de lo que pudiera parecerse a una disparatada película.
El amo de la pista es una novela plena de ingenio e imaginación prodigiosa sobre la vulnerabilidad y la capacidad de manipulación de los seres humanos y la peligrosa fascinación de los mistificadores. Una fábula que puede inquietarnos, si pensamos en el mundo en el que estamos gobernados. En ella, Luis Mateo Díez se muestra de nuevo como uno de los creadores más originales de la literatura española actual.
LA MANDARON AL INFIERNO, PERO QUERÍA IRSE A SU MANERA.
Lily no está exactamente entusiasmada al llegar al Más Allá, pero lo que le espera allí es mucho más fantástico que cualquier cosa que pudiese haber imaginado: deidades que hacen cola en la cafetería; faes que revolotean entre reinos; almas que tratan de hacer de su muerte un nuevo comienzo.
Conforme explora los muchos rincones del Más Allá, Lily se ve extrañamente atraída por el lugar que la mayoría de gente trataría de evitar a toda costa: el Infierno. Provista de años de experiencia en el servicio de atención al cliente, y una gran cantidad de sarcasmo reprimido, Lily consigue un trabajo entre los demonios del Infierno para mandar a las almas al lugar que las corresponde, con una buena cantidad de descaro.
Las expectativas que Lily tenía se ven trastocadas por completo cada día que pasa en el Infierno, especialmente por Bel, un demonio con voz sexy que la distrae continuamente. Se conocen por accidente y forman una amistad inmediata y profundamente reparadora. Pero la evidente chispa que hay entre ambos amenaza con provocar un incendio.
Mientras tanto, algo se cuece en los límites de su mundo, algo que amenaza con destruir todo lo que conocen, y todo lo que podría llegar a ser. A no ser que luchen con uñas y dientes para frenarlo.
García Márquez traza la historia de un amor que no ha sido correspondido por medio siglo. Aunque nunca parece estar propiamente contenido, el amor fluye a través de la novela de mil maneras: alegre, melancólico, enriquecedor, siempre sorprendente.
«La de don Gabriel es una sombra que ilumina. Y sigue presente [...] porque es un tipo que nos pertenece todos, porque es un clásico.»
Darío Jaramillo
La historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, en el escenario de un pueblecito portuario del Caribe y a lo largo de más de sesenta años, podría parecer un melodrama de amantes contrariados que al final vencen por la gracia del tiempo y la fuerza de sus propios sentimientos, ya que García Márquez se complace en utilizar los más clásicos recursos de los folletines tradiciones. Pero este tiempo -por una vez sucesivo, y no circular-, este escenario y estos personajes son como una mezcla tropical de plantas y arcilla que la mano del maestro moldea y con las que fantasea a su placer, para al final ir a desembocar en los territorios del mito y la leyenda. Los jugos, olores y sabores del trópico alimentan una prosa alucinatoria que en esta ocasión llega al puerto oscilante del final feliz.
«Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro.
Encontró el cadáver cubierto con una manta en el catre de campaña donde había dormido siempre, cerca de un taburete con la cubeta que había servido para vaporizar el veneno.»