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Y SI LO PROBAMOS...? (BOL)

¡Hola! Me llamo Verónica Jiménez, tengo treinta y ocho años y soy una mujer independiente, trabajadora, autónoma y, según dicen quienes me conocen, bastante cabezota y controladora. Vale, lo confieso, lo soy. Pero ¿acaso hay alguien perfecto? Yo era de las que creía en princesas y príncipes, hasta que el mío se convirtió en un sapo y decidí que el romanticismo no era para mí. Así que para horror de quienes me rodean, me impuse tres reglas para disfrutar del sexo sin compromiso. La primera: no enrollarme nunca con hombres casados. Soy de las que respetan y jamás hago nada que no me gustaría que me hicieran a mí. La segunda: el trabajo y la diversión nunca han de mezclarse. No no. ¡Ni loca! Y la tercera, pero no por ello menos importante: siempre con hombres menores de treinta años. ¿Por qué? Pues porque sé que ellos van a lo mismo que voy yo: ¡a disfrutar! Te aseguro que hasta el momento estas normas me han dado muy buenos resultados. Sin embargo, en uno de mis viajes de trabajo he conocido a Naím Acosta, un hombre de unos cuarenta, seguro de sí mismo, atractivo, sexy y tremendamente romántico, que me está volviendo loca. Es verlo y el corazón se me acelera. Es oír su voz y toda yo me acaloro. Es pensar en él y noto que en mi estómago corren elefantes en estampida. Sé que somos muy diferentes, pero los polos opuestos se atraen, y nosotros no paramos de chocar, y probar y… y… y… Bueno, mejor me callo, dejo que leas y cuando termines ya me dirás si tú habrías probado… ¿O no?
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Y SOBRE EL ANCLA UNA ESTRELLA

La nostalgia del mar es el eje, indisoluble, de Marinero en tierra, el primer poemario de Rafael Alberti. («Si mi voz muriera en tierra, / llevadla al nivel del mar / y dejadla en la ribera»). Muchos autores vieron en él no solo el lamento por la lejanía del paisaje de su niñez, sino también el anuncio del exilio y del futuro dolor de la vida. En todo caso, este notable primer libro de Rafael Alberti, un hito en nuestra historia poética, supone el regreso a la infancia. la frescura y la ligereza de aquellos espacios marítimos, bajo la idealización del recuerdo, como un origen mítico. Aquí el mar siempre es benéfico, luminoso.
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Y SOLO QUEDARON LAS MIGAS (COZY M.)

Kate McGuire tiene que reinventarse. Tras el cierre del restaurante donde trabajaba como pastelera, la cancelación de su boda con un rico heredero y la pérdida de su apartamento, Kate deja Nueva York y se instala en Coral Cay, el pueblo de Florida donde iba a ir de luna de miel. Pronto encuentra trabajo como dependienta en la panadería The Cookie House, cuyo propietario, Sam Hepplewhite, no levanta cabeza desde que enviudó. Mientras busca piso, Kate se aloja en el almacén de la panadería, pero comienzan los problemas. Kate, su nueva amiga Maxi y el perro Oliver se dispondrán a descubrir qué se cuece en Coral Cay.
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