Elena es una chica responsable, nada alocada e incapaz de sacrificar su futuro profesional por una relación.
Elena tiene un archienemigo desde el colegio al que llama «el Indeseable».
Y Elena acaba de despertar junto a él en su cama después de la boda de su mejor amiga...
Marcos lleva toda la vida sacando de quicio a Elena con sus comentarios de sobrado y sus ojos azules como el mar.
Marcos quiere olvidar los malos rollos y dejarse llevar durante el verano por una atracción irresistible antes de volver a Londres.
Y, aunque Elena intenta ignorarle, Marcos es tan obstinado como sexy y la química entre ellos resulta inevitable.
Elena es una chica responsable, nada alocada e incapaz de sacrificar su futuro profesional por una relación.
Elena tiene un archienemigo desde el colegio al que llama «el Indeseable».
Y Elena acaba de despertar junto a él en su cama después de la boda de su mejor amiga...
Marcos lleva toda la vida sacando de quicio a Elena con sus comentarios de sobrado y sus ojos azules como el mar.
Marcos quiere olvidar los malos rollos y dejarse llevar durante el verano por una atracción irresistible antes de volver a Londres.
Y, aunque Elena intenta ignorarle, Marcos es tan obstinado como sexy y la química entre ellos resulta inevitable.
Cúspide, desde la perspectiva de la plenitud de la edad, de la poesía amorosa nerudiana, estos Cien sonetos de amor sorprenden ante todo por el contraste entre la palpitación de la palabra y la imagen y la deliberada elección de una desnudez que rehúye los prestigios sonoros o constructivos del soneto clásico.
«Con mucha humildad ―escribe Neruda―, hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura substancia», que contrapone a las «rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo» de los poetas que anteriormente abordaron el soneto. Del mismo modo, es evitado el principio del mantenimiento de un patrón métrico y rítmico invariable, y, más aún, la estructura silogística y simétrica en la exposición de lo contenido en cuartetos y tercetos