He aquí una fascinante novela sin ficción saturada de ficción. La ficción no la pone el autor; la pone Enric Marco, un nonagenario barcelonés que se hizo pasar por superviviente del Holocausto y fue desenmascarado en 2005 después de presidir durante años la asociación española de los supervivientes y llegar a ser un héroe. El caso dio la vuelta al mundo y convirtió a Marco en el gran impostor. Ahora, en este thriller hipnótico que es también un banquete con muchos platos -de la narración a la autobiografía-, Javier Cercas asedia el enigma del personaje al mismo tiempo que bucea en lo más profundo e incómodo de nosotros mismos y de nuestro pasado reciente. El resultado es un libro que no habla sólo de Enric Marco, sino también de usted, lector.
Gran parte de estos cuentos giran en torno al cumplimiento de un destino que se repite y que suele prefigurar un enfrentamiento. A veces los protagonistas son los hombres, como en «El otro duelo» o «Guayaquil»; otras, son sus armas: dos cuchillos que se buscan largamente hasta por fin encontrarse y pelear. También puede ocurrir, como en «Historia de Rosendo Juárez», que en ese enfrentamiento uno se convierta en espejo del otro, uno sea él mismo y su enemigo. O que, como le sucede a Brodie, el otro le produzca horror y fascinación. Once relatos en los que el autor dice haber encontrado su verdadera voz: «La ya avanzada edad me ha enseñado la resignación de ser Borges».
Gran parte de estos cuentos giran en torno al cumplimiento de un destino que se repite y que suele prefigurar un enfrentamiento. A veces los protagonistas son los hombres, como en «El otro duelo» o «Guayaquil»; otras son sus armas: dos cuchillos que se buscan largamente hasta por fin encontrarse y pelear. También puede ocurrir, como en «Historia de Rosendo Juárez», que en ese enfrentamiento uno se convierta en espejo del otro, uno sea él mismo y su enemigo. O que, como le sucede a Brodie, el otro le produzca horror y fascinación. Once relatos en los que el autor dice haber encontrado su verdadera voz: «La ya avanzada edad me ha enseñado la resignación de ser Borges».