Coincidiendo con el inicio de la ofensiva alemana contra Rusia, Curzio Malaparte empezó a escribir Kaputt, obra con la que pretendía recoger el testimonio de su experiencia como corresponsal de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Malaparte recorre la Europa ocupada por los nazis como si fuera un espía: presencia la triste impotencia del príncipe Eugenio de Suecia, se ve obligado a sobrellevar la arrogancia de los líderes nazis delegados en Varsovia y es testigo de la crudeza de los parajes de la fría Carelia o de la noble ciudad de Lasi, desolados por la barbarie y el hambre que convirtieron Europa en un montón de chatarra.
Con Kaputt —palabra germánica que evoca lo roto, lo hecho añicos, y que deviene un fiel calificativo de lo que quedó de un continente devastado por un lustro de destrucción— Malaparte teje una sobrecogedora obra literaria sobre la realidad, a un tiempo salvaje y grotesca, de la guerra en el frente.
1935. La llegada de Gardel a Puerto Rico causa un sorprendente revuelo. El Zorzal Criollo enamora a los isleños con su cálida y melancólica voz hasta que su exitosa gira se ve interrumpida por un intempestivo problema de salud. El azar caprichoso elige a Micaela Thorné, una mujer negra descendiente de una estirpe milenaria de curanderas, como la encargada de velar amorosamente por sus cuidados. Durante los veintisiete días que pasan juntos, vivirán un intenso y fogoso romance. Micaela quedará rendida ante los encantos de un hombre que le cuenta sobre mundos que ella desconoce: le habla con la misma
pasión que vuelca en sus tangos sobre la verdad de sus orígenes, su vida en Nueva York, sus ascensos y descensos en la consolidación de su fama.
Dos vidas dispares unidas por la pasión, dos mundos que se entrecruzan siguiendo razones inexplicables. La amante de Gardel es una entrañable y conmovedora novela sobre los motivos del corazón que la razón no entiende y los azarosos designios del destino.
Una grieta abierta espontáneamente a lo largo de los Pirineos provoca la separación física de la península ibérica, que se aleja de Europa flotando en el Atlántico.
La balsa de piedra es, en palabras del propio autor «una novela profundamente ibérica», relativa a «Portugal y al conjunto de los pueblos españoles, que siento que comparten una cultura común, una cultura que no es rigurosamente europea: es otro mundo, un mundo con un carácter tan fuerte, tan propio, que los pueblos de la Península deberían hacer un gran esfuerzo de entendimiento mutuo para resistir a las presiones de la cultura europea, que no es sino la cultura de los tres países dominantes, Francia, Alemania e Inglaterra.»
La maestría expresiva de José Saramago sirve, pues, aquí a un audaz planteamiento narrativo que, en la mejor tradición de Swift o de H.G. Wells, apunta al centro mismo de una verdadera «cuestión palpitante»: las relaciones de los pueblos ibéricos con Europa.