La protagonista de esta historia recibe un mail inesperado de un antiguo amante que despierta en ella el recuerdo de un episodio pasado: siendo muy joven, dejó durante un tiempo el hogar familiar en medio de la naturaleza colombiana para marcharse a Londres y probar suerte lejos de su país. Allí entabla una ambigua relación con un inglés que le dobla la edad. Pronto el amor y el deseo quedarán atravesados por una dependencia mutua, perturbadora y asimétrica que terminará marcándolos a ambos.
El cielo está vacío es una historia iniciática sobre el despertar sexual, sobre encender el fuego en una sociedad que se empeña en apagarlo, sobre sentirse invisible y fuera de lugar, sobre cómo llegamos a convertirnos en quienes realmente somos y las cosas a las que tenemos que renunciar para lograrlo. La novela indaga en la pérdida de la juventud, la soledad, la incapacidad de comunicarse, las dificultades de los inmigrantes, el chantaje sexual y la eterna búsqueda de la figura del padre y del amor como arma que puede enaltecer al ser humano y al mismo tiempo destrozarlo.
Un vecino llama a la policía para advertir de que hay un joven sentado junto a la piscina de la víctima, que está llena de muñecas flotantes. El joven, Hugo, drogadicto, resulta ser el único hijo de Marianne, el gran amor de Servaz y a la que este no ve desde hace más de veinte años. Hugo parece el único sospechoso del terrible crimen pero una vez que Servaz se pone a investigar, descubre algo mucho peor: Julian Hirtmann, el perverso asesino en serie de Bajo el hielo, podría estar detrás del crimen.
La región rural de Auvernia, Francia, ha sufrido tres pérdidas inimaginables: con implacable regularidad, el día 20 de los últimos tres meses ha fallecido, en misteriosas circunstancias, un librero. No solo eso: todos ellos pertenecían al Círculo de los Últimos Libreros, una asociación creada con el fin de luchar por la supervivencia de las pequeñas librerías en una sociedad empeñada en que estas se extingan.
Adrien Darcy, un periodista deportivo en horas bajas que lo ignora todo sobre el mundo de los libros, recibe el encargo de investigar el posible vínculo entre estas tres muertes. Para ello decide unir fuerzas con Emma Pélissier, fundadora del Círculo y una apasionada lectora. Conforme aumenta la tensión por el caso y entre Adrien y Emma surge algo más que una amistad, esta inesperada pareja considerará a una serie de peculiares sospechosos un profesor que defiende fervientemente la venta online, un librero rencoroso al que se le negó la admisión en el club o un escritor fracasado que aún no ha superado su breve relación con Emma , en una frenética carrera por impedir más crímenes y salvar a los libreros, y con ellos a sus librerías, de la desaparición.
Cuando morir no importa, todo está permitido. Elena Blanco, inspectora de la Brigada de Análisis de Casos (BAC) se enfrenta a su peor enemigo, una poderosa organización integrada por personalidades del mundo de la empresa, la política, la judicatura y la policía. El Clan. Enfrentarse a él es acabar muerto. Aun así, la BAC afronta el desafío. Pero cuando Elena recibe unas imágenes en las que Zárate aparece tendido sobre un charco de sangre, comete un error imperdonable.
Con la inspectora en busca y captura, acusada del asesinato de un policía, y Zárate desaparecido, Mariajo, Reyes, Orduño y Buendía hacen la guerra por su cuenta. La llegada de una nueva inspectora en sustitución de Elena empeora la situación: parece enviada por el Clan con la misión de acabar con la BAC y llevar a Blanco a la cárcel.
Sin embargo, el hallazgo de unos cadáveres que han sido eviscerados lleva la investigación de Elena a cruzar todos los límites para salvar a su Brigada y encontrar a Zárate, sin saber si está vivo o muerto.
Es el principio del fin de la BAC.
Ninguno de sus miembros se había enfrentado a un asesino tan despiadado como el Clan.
¿Qué quiere decir ser libre como mujer o como artista? ¿Y cuál es el precio de esta libertad?
Cosas que no quiero saber y El coste de vivir forman la «autobiografía en construcción» de Deborah Levy, un relato de la feminidad como libertad y no como castigo.
Deborah Levy empieza a escribir este libro cuando, con cincuenta años, se ve forzada a reinventarse: su matrimonio ha terminado, sus ingresos escasean, su madre se está muriendo y sus hijas empiezan a abandonar el nido. En un momento en que la vida tendría que volverse plácida e imperturbable, Levy decide abrazar el caos y la inestabilidad a cambio de recuperar, oculto bajo capas y capas de resignación, un nombre propio.
A través de un diálogo con intelectuales como Marguerite Duras o Simone de Beauvoir, y mediante recuerdos que evoca con elocuencia, sensibilidad y un delicioso sentido del humor, Levy se pregunta cuál es ese papel ficticio escrito por hombres e interpretado por mujeres al que llamamos «feminidad». Cualquiera que haya luchado por ser libre y por construir una vida propia sabe que es precisamente eso: una lucha constante en la que se paga un coste por vivir.