Amor, odio, destino, extrañas prácticas, intriga y acción trepidante inundan las páginas de una novela que se ha convertido en todo un fenómeno editorial antes de su publicación en papel.
«A veces el destino nos pone a prueba para que sepamos que existe».
Centro de Boston, 24 de diciembre, un hombre camina desnudo con la cabeza decapitada de una joven. El doctor Jenkins, director del centro psiquiátrico de la ciudad, y Stella Hyden, agente de perfiles del FBI, se adentrarán en una investigación que pondrá en juego sus vidas, su concepción de la cordura y que los llevará hasta unos sucesos fortuitos ocurridos en el misterioso pueblo de Salt Lake diecisiete años atrás.
Con un estilo ágil lleno de referencias literarias -García Márquez, Auster, Orwell o Stephen King- e imágenes impactantes, Javier Castillo construye un thriller romántico narrado a tres tiempos que explora los límites del ser humano y rompe los esquemas del género de suspense.
Fue en un apartamento lúgubre de Vanves, durante su exilio francés, donde Tsvietáie-va escribió el presente texto, que relata el encuentro de la pequeña Marina con el dia-blo en la habitación de su hermana, don¬ de se refugiaba para leer libros prohibidos. Con una prosa burlona, ora exaltada, ora gélida, pero siempre hechizante, la poeta relata el despertar de su fascinación por las palabras, encarnadas en la figura del dia-blo, que su implacable mirada transforma en una criatura tan temible como seduc-tora. Una extraordinaria evocación lírica de la infancia y de la gestación de un genio literario irrepetible.
Keawe es un joven hawaiano que siente la necesidad de conocer otras tierras, por lo que se dirige a San Francisco. Allí descubre una casa hermosa cuyo dueño parece algo triste y asustado. Al entablar conversación con él y preguntarle el motivo de su tristeza, el anciano le enseña una botella de vidrio, con un contenido blanco, lechoso. Asombrado, el viejo le cuenta que en esa botella habita un demonio rodeado por el fuego del infierno que puede conceder cualquier deseo, excepto uno: alargar la vida a una persona. Para eso, el dueño de la botella debe cumplir una serie de requisitos: debe vender la botella a otra persona antes de morir y vender la botella a menor costo del que la compró o irá al infierno donde habita el mal.
Alta costura, juegos diabólicos... y una jefa digna del infierno.
Andrea Sachs consigue el trabajo «por el que un millón de chicas matarían»: convertirse en la asistente de Miranda Priestly, la famosísima y legendaria directora de la revista Runway. De la noche a la mañana, se ve inmersa en una oficina que no deja de gritar «¡Prada! ¡Armani! ¡Versace!»; un mundo habitado por mujeres delgadísimas y estilosas de un modo casi insultante, y hombres guapísimos enfundados en jerséis de canalé y pantalones de cuero tan ajustados que exhiben los años de culto al gimnasio que llevan encima. Y Miranda es la única persona capaz de reducir a cualquiera de estos sofisticados neoyorquinos a una criatura temblorosa y asustada.
Día tras día (y a menudo hasta bien entrada la noche), Andrea soporta llamadas a gritos y exigencias imposibles porque tiene la vista puesta en el premio final: una recomendación de Miranda que le abriría las puertas de cualquier revista de la industria. Pero cuando lo inaceptable ya roza lo escandaloso, Andrea empieza a darse cuenta de que ese trabajo por el que un millón de chicas matarían. podría terminar matándola a ella. Y, aunque sobreviva, tendrá que decidir si merece la pena pagar el precio de su alma.
Célebre por ser la autora de La historia de Genji, considerada la primera novela de la historia universal y cumbre de las letras japonesas, la dama Murasaki (ca. 973-ca. 1013) nació en el seno de una rama menor del poderoso clan Fujiwara y llegó a ser dama de honor en el séquito de la emperatriz Shôshi. Texto de valor literario y documental, más que autobiográfico, El diario de la dama Murasaki extrae su encanto de la fusión entre lo objetivo y lo subjetivo propio de la prosa femenina del esplendoroso periodo Heian, así como de su capacidad de evocación de un mundo -el de la corte imperial de entonces- que, por su propia lejanía en el tiempo y en el espacio, en la sensibilidad, en los comportamientos y en las actitudes, resulta tan sugerente y maravilloso como un reino de fantasía.
Albert Corde, decano de la facultad de periodismo de Chicago, no está preparado para la violenta respuesta social que han tenido sus artículos sobre la corrupción imperante en la ciudad o su enredo en el proceso contra dos negros sospechosos del asesinato de un estudiante blanco. Acusado de traicionar a su ciudad, de ser un loco incívico y un racista, durante un viaje que le lleva a Bucarest, donde su suegra agoniza, Corde no puede evitar establecer severas comparaciones entre la corrupción y la deshumanización de la tiranía comunista, y las putrefactas y abandonadas calles de Chicago.
Mediante la yuxtaposición de diferentes acontecimientos -tanto públicos como privados- que se suceden simultáneamente en ambas ciudades, Bellow ilustra hábilmente cómo el remolino de fuerzas que sacude al hombre contemporáneo puede reunirse para provocar su fracaso.