Atraco a mano armada, difamación, asesinato, conspiración, sustracción de obras de arte, composición de poemas elegiacos a la muerte de Hitler. De Verlaine a Burroughs, de Norman Mailer a Hans Fallada, de Giacomo Casanova a Curzio Malaparte, muchos han sido los literatos que, a lo largo de la historia, han purgado sus ofensas y delitos en la cárcel. Y han sobrevivido para contarlo. Chester Himes o Jean Genet se pasaron buena parte de su vida en el fondo de un calabozo infecto. Otros, como el Marqués de Sade o Heinrich von Kleist, iniciaron sus carreras literarias tras los barrotes de una prisión. Incluso se han dado casos, como los de Louise Michel o Goliarda Sapienza, de escritoras que experimentaron una irónica sensación de emancipación y libertad tras entrar en presidio.
A los veintiún años, Auburn Reed ha perdido casi todo lo que era importante para ella. En su lucha por reconstruir una vida destrozada, tiene un objetivo claro y no hay margen para errores. Pero cuando entra en un estudio de arte de Dallas en busca de trabajo, no espera sentirse tan atraída por el enigmático artista que allí trabaja, Owen Gentry.
Por una vez, Auburn se arriesga y deja a su corazón al mando, pero descubre que Owen está intentando ocultar un gran secreto. Cuando el pasado de Owen amenaza con destruir todo lo que le importa a Auburn, la única manera de no echar por tierra su vida es sacar a Owen de ella.
Para salvar su relación, Owen solo tiene que confesar, pero no puede. Porque sabe que algunas confesiones son mucho más destructivas que el pecado cometido.
«Estas conferencias se titulan Confesiones de un joven novelista, y cabría preguntarse por qué, teniendo en cuenta que ya he cumplido más de setenta años. Pero resulta que publiqué mi primera novela, El nombre de la rosa, en 1980, de modo que empecé mi carrera como novelista hace cosa de treinta años. Me considero, por lo tanto, un novelista muy joven y ciertamente prometedor». Así comienza este libro en el que el gran intelectual cuenta cómo se acercó a la ficción siendo ya un ensayista de prestigio, cómo prepara cada una de sus novelas antes de ponerse a escribir, cómo crea sus personajes y la realidad que los rodea. También nos habla de la ambigüedad que mantiene el escritor para que sus lectores se sientan libres de seguir su propio camino a la hora de interpretar un texto, así como de su capacidad para generar emociones en ellos. ¿Por qué en general no lloramos cuando alguien nos cuenta que su pareja lo ha abandonado y, en cambio, muchos nos emocionamos al leer el episodio de la muerte de Anna Karénina?