Los cuentos de John Cheever son el testimonio literario esencial de la clase media estadounidense de los años cincuenta y sesenta. Conocido como «el Chéjov de los suburbios», retrató con maestría la vida en las zonas residenciales a las afueras de las grandes ciudades. En ese escenario de aparente éxito y felicidad, supo descubrir la belleza y el drama cotidiano de familias marcadas por la frustración, el deseo y el tedio, componiendo un retrato profundo del alma humana que trasciende el tiempo y las fronteras.
E. T. A. Hoffmann (1776-1822) fue uno de los más grandes autores románticos alemanes de fantasía y pionero del género del horror gótico. En El narrador herido, Jack Zipes, especialista en cuentos de hadas, arroja luz sobre cómo la vida de traumas personales de Hoffmann dio forma a su escritura e inspiró sus innovadoras historias. Zipes ha seleccionado cinco de los relatos más influyentes del escritor alemán: El caldero dorado, El hombre de la arena, Cascanueces y el rey de los ratones, El niño misterioso y Las minas de Falun; en ellos explora temas e inventa personajes que se mueven entre la realidad, los sueños y la fantasía. La edición se enriquece de manera genial con los pasteles de tiza y gouache de Natalie Frank, llenos de fuerza, que revelan esos mundos paralelos de Hoffmann en dibujos compuestos a página completa y en los márgenes, pensados exclusivamente para esta edición. El narrador herido presenta, pues, el trabajo atemporal de Hoffmann a una nueva generación de lectores.
Junio de 1944. Hitler se retira junto con los principales dignatarios a su refugio escondido en los Alpes bávaros: el Nido.
Drogado, atormentado por todo tipo de dolencias y por horribles pesadillas, ya es aunque parece no ser consciente de ello un líder en decadencia. Sin embargo, todavía alberga una inmensa capacidad de muerte y destrucción. Sus huéspedes, entre el terror y la adoración, se olvidan de sí mismos en una sórdida fiesta de excesos para tratar de posponer un poco más el descalabre que se abre en forma de agujero negro bajo sus pies presagiando el final del Tercer Reich.
No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una. Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.
El nombre del mundo narra la aventura personal de Michael Reed, un profesor universitario que intenta reponerse de la muerte de su mujer y su hija en un accidente de coche, emprendiendo una existencia errática que lo llevará a un destino muy especial.
La novela arranca con un tono apacible que se va enturbiando a medida que el protagonista desciende a su infierno personal; Michael Reed, viudo sin rumbo, deambula por la facultad cuando conoce a una joven estudiante y artista de performances que se convierte en la combinación perfecta de conquista sexual y recuperación de su hija fallecida.
Como muchos de los héroes de Johnson, Reed se mueve en el territorio de la paranoia y la pérdida del sentido de la vida, que Johnson retrata con agudeza, sin dejar de lado el aspecto humorístico presente hasta en los temas más macabros.
En medio de la promoción de su primera novela, El consentimiento, que provocó un seísmo social y literario, Vanessa Springora recibe una llamada de la policía para que acuda a identificar el cuerpo sin vida de su padre, un hombre fabulador y misántropo que había terminado por convertirse en un extraño para ella. Pero al vaciar su casa, algo llama su atención: dos fotos antiguas de su abuelo paterno en las que exhibe la esvástica. Un descubrimiento que echa por tierra la versión del querido abuelo checo, Josef, reclutado a la fuerza por el ejército nazi, desertor en Francia, colaborador de los estadounidenses durante la liberación y «refugiado privilegiado» como disidente del régimen comunista.
Comienza así una obsesiva búsqueda para saber quién era en realidad ese hombre que le dio su apellido y cómo pudo o no «consentir» la barbarie. A lo largo de dos años, Vanessa rastreará documentos familiares, archivos checos, alemanes y franceses, y se reunirá con testigos para tratar de recomponer un itinerario verosímil. Pero siempre faltan piezas.