La belleza fue su condena y el amor, su salvación.
1942. Cilka Klein tiene sólo dieciséis años cuando es trasladada a Auschwitz-Birkenau, donde enseguida llama la atención del comandante Schwarzhuber. Pronto aprenderá que el poder no deseado ayuda a seguir con vida. Pero tras la liberación es acusada por la brutal policía soviética de colaborar con los nazis y será duramente castigada por ello con una condena de quince años de trabajos forzados en Siberia. Así, por segunda vez en tres años, Cilka se encuentra de nuevo hacinada en un tren de ganado que la transportará al gulag de Vorkutá, donde se enfrentará a obstáculos nuevos y a otros que le son horriblemente familiares, haciendo del día a día una lucha por sobrevivir. Basada en la historia real de Cilka Klein, esta novela es un poderoso testimonio sobre el triunfo de la voluntad humana, la importancia de la amistad y el valor que tienen la esperanza y el amor como armas para la supervivencia.
Como sucede siempre, cuando mi padre me contaba esas historias yo no le hacía mucho caso y ahora me arrepiento de ello. Mi padre murió pronto y sus recuerdos quedaron en ese limbo de la memoria en el que se desvanecen las vidas de los que nos precedieron y a los que no escuchamos cuando estaban vivos. Luego nos arrepentimos de ello y, como yo ahora, tratamos de reconstruir sus pequeñas historias con los retazos de lo que se quedó en el aire y aún alcanzamos a recordar.
En honor de su padre y de sus compañeros, pero también por recorrer un territorio, el que atraviesa la espina dorsal de la península ibérica, que sintetiza como muy pocos su esencia, el autor ha repetido su viaje y lo ha hecho en los mismos meses del año en los que lo hicieron ellos para intentar sentir lo que ellos sintieron siquiera sea referido al clima. Por el camino se encontró con personajes que mantienen vivo el recuerdo de aquel invierno terrible, el peor del siglo XX, y de una primavera y un verano calurosos junto al mar, y con algunas de las historias que su padre le contó y que los paisajes conservan aun flotando como una pátina sobre ellos, «pues la historia permanece en los lugares en los que sucedió como las palabras sobre la memoria».
Shuna, joven heredero de una tierra hostil y baldía, pasa los días observando con desesperación cómo su gente trabaja hasta el agotamiento cosechando el poco grano que crece en sus campos. Un día, un misterioso anciano llega a sus tierras tras un largo viaje y, moribundo, le habla de unas semillas doradas con las que podría devolver la abundancia a sus cosechas. Sin embargo, tendrá que pagar un alto precio si quiere encontrarlas, pues las semillas están en el lugar donde nace la luna y regresa a morir, donde la tierra anuncia su fin, un lugar del que nunca nadie ha regresado. Shuna, esperanzado ante la idea de poner fin a la hambruna de su pueblo, emprende un peligroso viaje hacia el oeste.
A mediados del siglo XVI el rey Juan III ofrece a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante asiático. Esta novela cuenta el viaje épico de ese elefante llamado Salomón que tuvo que recorrer Europa por caprichos reales y absurdas estrategias.
El viaje del elefante no es un libro histórico, es una combinación de hechos reales e inventados que nos hace sentir la realidad y la ficción como una unidad indisoluble, como algo propio de la gran literatura. Una reflexión sobre el sentido de la vida humana, con sus afanes, desvelos y ambiciones, con su irremisible final, en la que el humor y la ironía, marcas de la implacable lucidez del autor, se unen a la compasión con la que José Saramago observa las flaquezas humanas.
El viajero del siglo nos propone un ambicioso experimento literario: leer el siglo XIX con la mirada del XXI. Un diálogo entre la gran novela clásica y las narrativas de vanguardia. Un puente entre la historia y los debates de nuestro presente global: la extranjería, el multiculturalismo y los nacionalismos, la emancipación de la mujer. XII Premio Alfaguara de Novela. «Tocado por la gracia. La literatura del siglo XXI pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre.»Roberto Bolaño Un viajero enigmático. Una ciudad en forma de laberinto de la que parece imposible salir. Cuando el viajero está a punto de marcharse, un insólito personaje lo detiene, cambiando para siempre su destino. Lo demás será amor y literatura: un amor memorable, que agitará por igual camas y libros; y un mundo imaginario que condensará, a pequeña escala, los conflictos de la Europa moderna. Andrés Neuman despliega un mosaico cultural al servicio de un intenso argumento, pleno de intrigas, humor y personajes emocionantes, con un estilo rompedor que ofrece a estas cuestiones un sorprendente cauce.
Nobuki, el hijo mediano de la familia Niré, lleva una vida feliz con su mujer y sus dos hijas pequeñas. La noticia de que van a tener un tercer hijo alegra aún más esta dulce existencia, en la que Nobuki alterna la vida familiar con su trabajo y su afición por la guitarra clásica. Lo único que ensombrece sus días es el alzhéimer de su madre, Fujiko: el avance de la enfermedad es tal que ya no reconoce ni a su propio hijo. De pronto, un día, en el cajón de su antiguo escritorio, que guarda con cariño desde su infancia, Nobuki descubre un diario íntimo. Es de su madre. Al empezar a leerlo, comprende que ella sintió la necesidad de registrar todo lo que temía olvidar cuando vio flaquear su memoria: su día a día, sus mejores recuerdos, pero también la ira o los miedos soterrados. Nobuki descubrirá así a una mujer, su propia madre, que, ahora que ya no puede contarle de viva voz su vida, lo hará a través de la palabra escrita.
El viejo escritorio es el cuarto título de la pentalogía de Aki Shimazaki en torno a la familia Niré, que en Suzuran se centró en la hermana menor, la ceramista, en Luna llena narró la historia de la entrañable pareja que forman los padres, y en Una joven en Tokio acercó a los lectores a la hija mayor de la familia, Kyoko.