Camilo Cienfuegos fue un carismático revolucionario que se hizo amigo de Fidel Castro cuando empezaron las protestas para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista. Siempre fiel a los ideales de la Revolución, Cienfuegos luchó al lado de Fidel, Raúl y el Che Guevara, y llegó a ganarse la simpatía del pueblo cubano gracias a su humildad y franqueza.
Tras ganar varias batallas, la rivalidad entre Camilo y Fidel se fue acentuando y sus ideales se separaron. Las ideas pacifistas de Camilo le ganaron el afecto de la gente, pero la ambición de Castro por el poder absoluto y una secreta envidia de su fiel amigo lo borrarían de la historia.
Cuando, temeroso de los designios de los Castro, Camilo decidió irse al exilio, un trágico accidente lo hizo desaparecer del mapa. Algunos creen que el avión en el que viajaba de regreso a la Habana, después de atender los últimos encargos de Fidel, fue derribado por un misil. Lo cierto es que no quedaron rastros de él ni de los supuestos testigos del accidente. ¿Algún día se sabrá la verdad?
Edmond Dantès es un joven marinero, honrado y cándido, que lleva una
existencia tranquila. Quiere casarse con la hermosa Mercedes, pero su vida se
verá arruinada cuando su mejor amigo, Ferdinand, deseoso de conquistar a su
prometida, le traiciona vilmente. Condenado a cumplir una condena que no
merece en la siniestra prisión de castillo de If, Edmond vivirá una larga
pesadilla de trece años. Obsesionado por su inesperado destino, dejará de lado
sus convicciones en torno al bien y el mal, y se dedicará a tramar la venganza
perfecta.
De una densidad moral tan intensa como reveladora, El conde de Montecristo
sigue siendo una novela amena y apasionante en sus múltiples dimensiones.
Esta edición, la traducción de José Ramón Monreal logra que Edmond Dantès
siga vivo y acerca este coloso literario al lector del siglo XXI.
El volumen 5 de la BCRAE presenta la obra más conocida de Don Juan Manuel, El conde Lucanor (1335), colección de cincuenta ejemplos, tres colecciones de proverbios progresivamente más complejos y un tratado de doctrina cristiana.
La unidad de esta obra se debe, por un lado, a su propósito didáctico, de educación de los nobles de su tiempo, y por otro a la constante presencia de dos interlocutores, el conde Lucanor y su ayo Patronio, quien aconseja, a través de los distintos procedimientos didácticos a su disposición, el saber teórico y práctico que necesitaba reunir un aristócrata de su tiempo, y con él cualquier lector u oyente del libro.