Pirineos, años cuarenta. Sol Mentruit debe huir de su pueblo y refugiarse entre un grupo de contrabandistas en Andorra por haber presenciado un asesinato. Una vez allí, entra en una red de evasión en la que empieza a llevar documentación sensible al consulado británico de Barcelona. En medio de sus viajes se enamora de Max Schell, un francés estrafalario e intelectual del que descubrirá que es un oficial alemán. Cuando el líder de la red, Quim Baldrich, se entera de la relación entre Sol y Max, la expulsa, pero ella decide realizar un último acto para demostrar su lealtad y llevar a un grupo de refugiados a cruzar los Pirineos de Toulouse a Barcelona para salvarlos. Diferentes historias se irán entrecruzando hasta confluir en ese momento que resultará definitivo para todos.
Stephanie Monroe es productora de televisión, tiene un hijo ya adulto con quien apenas habla y un vecino, que también es su mejor amigo, que cuida de su gato cuando viaja por trabajo, algo que ocurre demasiado a menudo y que empieza a pesarle. En esta ocasión debe asistir a una conferencia de prensa en San Diego.
Jasmine Littleton trabaja en un bar de mala muerte y acaba de escapar, en mitad de la noche, de una relación abusiva.
Las dos mujeres no tienen nada en común, pero sus asientos en el vuelo a Denver en el que han embarcado están en la misma fila, por lo que intercambian algunos comentarios durante la travesía. En los días siguientes ambas envían mensajes de texto cada vez más inquietantes a sus amigos y compañeros de trabajo. Todo indica que han conocido al mismo hombre, un tipo atractivo llamado Trent McCarthy.
Hasta que los mensajes cesan y las dos desaparecen sin dejar rastro.
G. H. —de quien nunca conoceremos el nombre completo— es una mujer independiente, escultora aficionada y bien conectada en los círculos más influyentes de Río de Janeiro. Un día, sola en su ático, vive una experiencia extraordinaria que la enfrenta a sus propios límites. Esta vivencia le provoca náuseas de repulsión y desata un torrente de reflexiones íntimas, algunas hasta entonces desconocidas para ella misma, sobre sus emociones, temores, angustias y la esencia de su existencia. Lo que parece un suceso trivial se transforma en un catalizador que la lleva a examinar su vida desde la infancia y, finalmente, a tomar la determinación de superar sus miedos más profundos.
«La Patrulla del Tiempo» es un clásico indiscutible de la ciencia ficción y una obra maestra de la ucronía, escrita por Poul Anderson, Gran Maestro Nebula y el autor que más premios Hugo ha obtenido en toda la historia del género.
En 1960, Anderson publicaba la que entonces parecía una obra cerrada, Guardianes del Tiempo, en la que se incluían cuatro relatos protagonizados por un carismático patrullero del tiempo, Manse Everard. Esas historias habían aparecido previamente en la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction y eran, todas ellas, aventuras de una policía del tiempo que debía vigilar el pasado para evitar que la futura existencia de una máquina del tiempo pudiera alterar el devenir de la humanidad. En la década de 1980 esta serie se amplió con varios títulos adicionales en torno al mismo protagonista, hasta completar la presente versión en un solo volumen. Desde entonces, esta asombrosa revisión de la historia de la humanidad se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción moderna.
Manse Everard es un patrullero del tiempo, uno de los esforzados paladines que protegen la historia de las alteraciones que una máquina del tiempo podría introducir en la incierta matriz del futuro. En sus diversas aventuras por el pasado, lo vemos intrigando entre los persas de Cambises, Astiages y Ciro en su guerra con Grecia; con los conquistadores españoles y el imperio inca; con los vikingos y godos en la Escandinavia regida por Odín; en la Jerusalén de David y Salomón; en la Germania invadida por Roma y en otros muchos momentos cruciales del pasado dela humanidad.
Crasna, 1944: Rosie tiene dieciocho años cuando es arrancada de la vida familiar en su pueblo natal en la frontera rumano-húngara por los nazis. Desde ese momento comienza su inimaginable viaje a través del infierno, que la lleva a varios campos de trabajo y concentración. En Auschwitz, Rosie pierde incluso el último vestigio de dignidad, pero en medio de toda la desesperanza se da cuenta de algo: los nazis nunca podrán quitarle su fuerza interior. Y así, a pesar de las atrocidades inimaginables a su alrededor, ella permanece decidida a no rendirse.
He aquí la historia de la descomposición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías.
La historia de un soldado que se raja la piel para dejar salir la ceniza acumulada, de un poeta que cose la sombra de una niña tras un bombardeo, y de un maestro que enseña a sus alumnos a hacerse los muertos; de un general que duerme junto a la mano cortada de una santa, de un niño ciego que recupera la vista durante un apagón, y de una campesina que pinta de negro todos los árboles de su huerto; de un fotógrafo extranjero que pisa una mina cerca de Brunete y no levanta el pie en cuarenta años, de un gernikarra que conduce hasta el centro de París una camioneta con los restos humeantes de un ataque aéreo, y de un perro herido cuya sangre teñirá la última franja de una bandera abandonada en Badajoz.