Barcelona, 1901. La ciudad vive días de gran agitación social. La oscura miseria de los más desfavorecidos contrasta con la elegante opulencia de las grandes avenidas, donde ya destacan algunos edificios singulares, símbolo de la llegada del Modernismo.
Dalmau Sala, hijo de un anarquista ajusticiado, es un joven pintor que vive atrapado entre dos mundos. Por un lado, su familia y Emma, la mujer que ama, son firmes defensores de la lucha obrera; hombres y mujeres que no conocen el miedo a la hora de exigir los derechos de los trabajadores. Por otro, su trabajo en el taller de cerámica de don Manuel Bello, su mentor y un conservador burgués de férreas creencias católicas, lo acerca a un ambiente donde imperan la riqueza y la innovación creativa.
De este modo, seducido por las tentadoras ofertas de una burguesía dispuesta a comprar su obra y su conciencia, Dalmau tendrá que encontrar su auténtico camino, como hombre y como artista, y alejarse de las noches de vino y drogas para descubrir lo que de verdad le importa: sus valores, su esencia, el amor de una mujer valiente y luchadora y, sobre todo, esos cuadros que brotan de su imaginación y capturan en un lienzo las almas más miserables que deambulan por las calles de una ciudad agitada por el germen de la rebeldía.
La ciencia ficción de Clark Ashton Smith, también calificada como «science fantasy», presenta una combinación de horror y ciencia, una amalgama de géneros que en el caso de Lovecraft dio lugar al horror cósmico.
Con CAS, la aventura planetaria, el «space opera» y las convenciones más «pulp» del género son tan solo una suerte de disfraz, de ingredientes con los que hacer pasar sus principales obsesiones que convierten la extraña ciencia ficción de Smith en una isla perdida, un peculiar y demencial universo que evade cualquier fácil etiqueta.
Sus ciclos narrativos de lejanas tierras perdidas en los abismos del tiempo –ya sea en el pasado prehistórico, el histórico y medieval o en el futuro postapocalíptico– ponen en evidencia su absoluto nihilismo fatalista y humor negro, sirviéndose de un estilo literario sofisticado y decadente.
Toda era tiene que llegar a su fin.Ha dado comienzo una estación de desenlaces.Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol.Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida.Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar.El lugar es la Quietud, un continente acostumbrado a la catástrofe en el que la energía de la tierra se utiliza como arma. Y en el que no hay lugar para la misericordia.