Un entretenido ensayo sobre el arte de la novela.
Del autor de La insoportable levedad del ser.
Sólo el gran arte de la novela es capaz de desgarrar por un instante el telón de prejuicios y preinterpretaciones con que desciframos no sólo nuestra vida sino la historia entera de la humanidad. El novelista y ensayista Milan Kundera nos invita en El telón a participar en el secreto diálogo que mantienen los grandes nombres de la tradición occidental. Unas obras iluminan a otras, los escritores descubren aspectos inusitados en sus antecesores, que a su vez inspirarán a sus sucesores de muy diversa manera: Rabelais, Cervantes, Diderot, Fielding, Flaubert, Joyce, Kafka, García Márquez... El resultado es una pequeña y particular «pléyade» literaria que Kundera comparte con los lectores y una iluminadora historia personal de la literatura.
«Todo hombre sabio teme tres cosas: la tormenta en el mar, la noche sin luna y la ira de un hombre amable».
El hombre había desaparecido. El mito no. Músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, trotamundos, héroe y asesino, Kvothe había borrado su rastro. Y ni siquiera ahora que le han encontrado, ni siquiera ahora que las tinieblas invaden los rincones del mundo, está dispuesto a regresar. Pero su historia prosigue, la aventura continúa, y Kvothe seguirá contándola para revelar la verdad tras la leyenda.
«Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí...»
UNA MISTERIOSA ESCUELA
Cuando el exinspector de policía Ginés Acosta empieza a investigar el intento de suicidio de la hija de su nuevo jefe, a quien todo el mundo había perdido de vista hace meses, las pistas puntan hacia un único lugar: una escuela de sueños lúcidos llamada Lucid Temple.
UNA INVESTIGACIÓN SIN TREGUA
Las pruebas relacionan a la joven con ese centro, pero allí todos fingen no saber nada de ella. Será entonces cuando Acosta recurra a Cleo, una periodista obligada a alejarse de su profesión, para ofrecerle el mejor reportaje de su vida: infiltrarse en el centro y averiguar qué está ocurriendo en su interior. Pero deberá tener cuidado... Jugar con los sueños puede convertirse en la peor de las pesadillas.