Francia, verano de 1944. Con nueve años, Mainou acaba de perder a su madre mientras daba a luz a su hermana pequeña. El compungido padre se ve obligado entonces a enviar a Mainou a Lorena, con su abuela, al otro lado de la línea de demarcación, escondido en un carro de heno. Allí, en la granja familiar, tratará de retener los últimos suspiros de su infancia mientras la realidad lo empuja a evadirse: el miedo, la pena, la guerra. Junto a esa familia que aún no conocía, y a los misteriosos sucesos que los rodean, el niño se confía a la imaginación para atravesar el duelo y sobrevivir a los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.
En el París de los años 20, un veterano recibe la misión de encontrar a un soldado desaparecido durante la Primera Guerra Mundial. En los ojos de la madre reconoce el destello de loca esperanza de quien ha perdido a alguien, pero también sabe que ha buscado rastros de muchos soldados barridos por el conflicto y hasta ahora no ha encontrado a ninguno: a pesar de todo, sigue haciéndolo porque es la única manera que ha encontrado de perdonarse a sí mismo por seguir entre los vivos. En busca de Émile se adentrará en los campos de batalla, ahora fríos, e interrogará a exsoldados y testigos que solo buscan olvidar.
Joni Lark tiene un secreto. A pesar de ser una de las compositoras más demandadas de Los Ángeles, no logra componer nada desde hace tiempo. En su interior siente un gran vacío y no sabe qué hacer con él.
Cuando regresa a Vienna Shores, su pueblo natal en Carolina del Norte, espera que la arena, la playa y los espectáculos en el Revelry, la sala de conciertos de su familia, prendan la chispa de la inspiración. Pero cuando llega, todo ha cambiado. Su mejor amiga le oculta algo, los recuerdos de su madre se están desvaneciendo y el Revelry va a cerrar.
¿Cómo va a poder componer si su mundo de siempre ya no es el mismo?
Y, entonces, la oye: una melodía en su cabeza, sin letra y a medio componer. Y con ella, una voz cautivadora y adictiva que la acompaña; una voz que, al parecer, pertenece a un músico cínico con su propio vacío interior.
Sin duda es solo un producto de su estresada imaginación.
Sin embargo, a Vienna Shores llega un hombre muy real. Es arrogante y reservado (nada que ver con la voz dulce y graciosa que Joni oye en su cabeza), y tiene un plan para cortar su inconveniente conexión telepática: terminar la canción que los tortura con la esperanza de que sus corazones, y sus secretos, no sufran en el proceso.
Esa melodía, la que los ha unido., ¿podría tener algún motivo oculto?