En el universo underground y artístico de Berlín, donde el techno y las drogas palpitan en antiguos almacenes atravesados por las guerras del siglo XX, Nila lucha por entender quién quiere ser. Nacida en Alemania de padres afganos, criada en viviendas públicas cubiertas de esvásticas y magnetizada por la filosofía, la fotografía y el sexo, Nila se mueve en una huida hacia adelante dando forma a un Bildungsroman intoxicado y poético. Aber construye un mundo implacable en un Berlín mugriento y desenreda historias y legados con una pluma hábil que respeta y admite la autodestrucción como herramienta efectiva de autodescubrimiento.
The Sharaf family is the picture of success. Prosperous, rich, happy. They came to this country as refugees with nothing more than the clothes on their backs. And now, after years of hard work, they live in the most exclusive neighborhood, their growing family attending the most prestigious schools. Zorah, the eldest daughter, is the apple of her father’s eye.
When an unthinkable tragedy strikes, everyone is left reeling and the family is thrust into the court of public opinion. There is talk that behind closed doors the Sharafs’ happy household was anything but. Did the Sharaf family achieve the American dream? Or was the image of the model immigrant family just a façade?
«Este libro no tiene más pretensión que tratar de manera sencilla algunos aspectos que conciernen al hecho de escribir. Mi intención no es otra que mantener una conversación amigable con las lectoras y lectores para agradecerles que durante cincuenta años hayan seguido leyéndome».
Gracias es un texto delicioso y excepcional, una suerte de memorias literarias en las que Carme Riera desvela las motivaciones que han alumbrado durante medio siglo su labor como escritora. Un libro profundamente personal que nos abre a los lectores una ventana al oficio de escribir, con sus luces, sí, pero también con sombras.
Con la sensibilidad que la caracteriza, la autora comparte algunos momentos íntimos, como el de aquel ya lejano 23 de abril de 1975 en el que la joven tímida que acababa de publicar el libro de relatos Te dejo, amor, en prenda el mar, solo firmó un ejemplar en la feria de Sant Jordi, y que tal vez por su excepcionalidad, recuerda con todo detalle. O la tristeza que sintió, años más tarde, mientras se hallaba inmersa en la historia de En el último azul, cuando comprendió que sus personajes estaban abocados a morir en la hoguera. Nos habla también de cómo su amor por la pintura y la correspondencia ha influido en su escritura, hasta convertirse en parte inseparable de su voz narradora. Y nos invita a reflexionar sobre lo que significa vivir inmersa en la literatura no solo como escritora, sino también como profesora.