Entre 2011 y 2015 Manuel Vicent publicó tres novelas que conforman una serie sobre la España contemporánea. Si en la primera de ellas, Aguirre, el magnífico, tomó al duque de Alba como eje para contar la época del franquismo, en El azar de la mujer rubia son Carmen Díez de Rivera y un Adolfo Suárez ya desmemoriado las columnas en las que se vertebra el relato de la Transición.
Por último, en Desfile de ciervos, un retrato de la familia real pintado durante décadas por Antonio López muestra cómo la utopía democrática acabó desguazándose. En estos libros hay picaresca, casi esperpento literario, hay humor e ironía, pero, sobre todo, prevalece la capacidad magistral de Vicent para retratar personajes y para contar nuestra historia.
En Retahílas, Carmen Martín Gaite narra el viaje que realiza una anciana al pazo familiar para morir, acompañada de su nieta Eulalia. La llegada sorpresa de Germán, el sobrino de Eulalia, producirá durante esa noche un intenso diálogo entre los dos que dará lugar a seis monólogos, en los que cada uno reconstruirá y contará cómo ha sido su vida hasta entonces.
* Retahílas, publicada en 1974, es una de las novelas más representativas dentro de la narrativa intimista española del siglo XX.
En una corte repleta de escándalos, un joven de Sevilla obsesionado con la luz consigue convertirse no solo en pintor de cámara, sino en el artista más importante de la Historia de España.
¿Cómo llega Velázquez a ser el pintor del rey?
En el Chile del siglo XIX, Aurora del Valle sufre un trauma brutal que borra de su mente los primeros cinco años de su vida. Criada por su ambiciosa abuela, Paulina del Valle, crece en un ambiente privilegiado, libre de muchas de las limitaciones que oprimen a las mujeres de su época pero atormentada por horribles pesadillas. Cuando debe afrontar la traición del hombre al que ama y la soledad, Aurora decide explorar el misterio de su pasado.
Es difícil encontrar un observador tan agudo de su época como lo fue Truman Capote. Su increíble ojo para el detalle, ya fuera para describir a la alta sociedad neoyorquina o a los asesinos más despiadados de Kansas, lo convirtió en un maestro del reportaje y de la no ficción. Esta colección reúne, en orden cronológico, todos los ensayos del autor sobre personajes tan emblemáticos como Charlie Chaplin, Pablo Picasso, Elizabeth Taylor, Coco Chanel y Marcel Duchamp. Capote consiguió captar, dentro del ambiente refinado en el que se movía, la vulnerabilidad de los seres con los que trabó amistad: la infinita tristeza de Tennessee Williams, la peculiar relación entre Marilyn Monroe y Arthur Miller, la generosidad del bastardeado Ezra Pound, las andanzas de Marlon Brando en Japón. Honesta, divertida y también desgarradora, la escritura de Capote se vuelve más fresca con el paso de los años. Allí donde otros escritores son sepultados en el olvido, Capote se impone con más fuerza y viene a confirmarnos que fue uno de los más grandes cronistas del siglo XX.
Truman Capote fue un maestro de las formas breves y un agudo observador y cronista de su época. Las semblanzas que reúne en este volumen son una buena muestra de ambas virtudes. Capote escribe –a veces con ternura, otras con perfidia, siempre con un estilo admirable– sobre figuras que han conformado nuestro imaginario colectivo, trazando una serie de magistrales retratos como el dedicado a las andanzas japonesas de Marlon Brando durante el rodaje de Sayonara; el ya mítico perfil de Marilyn Monroe; una bellísima rememoración en claroscuro de Tennessee Williams; una emotiva aproximación a Elizabeth Taylor; un acercamiento a «esa leyenda moderna» que fue Jane Bowles y otro al arte fotográfico de Cecil Beaton.
Y son precisamente los retratos de otro fotógrafo, Richard Avedon, los que inspiran a Capote una serie de certeros perfiles, empezando por el del propio Avedon, y luego, pasando revista a un socarrón John Huston, un ambivalente Chaplin, una coqueta Coco Chanel, un moribundo Somerset Maugham, un errante Ezra Pound, una anciana y fascinante Isak Dinesen, una Mae West de carne y hueso, un Louis Armstrong captado desde la mirada infantil, un Gide que reflexiona sobre Cocteau, un Bogart retratado a través de sus palabras fetiche, un Picasso tan genial que podría provocar instintos asesinos y un Duchamp iconoclasta que bien podría ser su reverso.