Gabri, una chica de diecisiete años, se rebela, con toda la fuerza confusa de la adolescencia, contra una madre indiferente, una mujer coqueta en decadencia que lidia con su último amor. Con el París de los felices años veinte como telón de fondo, la historia sigue el terrible aprendizaje de Gabri sobre una feminidad dividida entre deseos nacientes y una soledad irreductible, donde el rostro de la persona odiada se vuelve cada vez peor para la joven.
Una novela de iniciación en la que Irène Némirovsky no perdona a esta madre que guarda un sorprendente parecido con la suya y cuyo retrato pinta como una coqueta tan vanidosa como cruel.
Un hondo patetismo se conjuga con una ironía a la vez amarga y piadosa en esta historia de una mujer madura que se enamora del joven profesor que frecuenta su casa. La lucha entre una férrea voluntad personal y la inflexibilidad del destino.
En 1885, el conde Drácula dejó su castillo en los Cárpatos por las costas de Gran Bretaña. Sólo la intervención del profesor Van Helsing y sus aliados impidió la consumación de sus planes y causó la destrucción del monstruo. Pero, ¿y si no hubiera sido así?
En 1888, Drácula se ha convertido en príncipe consorte y Lord Protector de Gran Bretaña, y el país ha aprendido a aceptarlo. La guardia cárpata impone la ley en un Londres que ha revertido a las más brutales formas de justicia medieval: la cabeza de Van Helsing está exhibida en una pica frente al palacio de Buckingham, y los enemigos de Drácula son empalados.
Para proteger su posición, la nobleza se apresura a vampirizarse, y poco a poco las clases más bajas van haciéndolo también. Inglaterra se convierte en una sociedad dual donde conviven con dificultad los vivos, cada vez más hostigados, y los no muertos triunfantes. Pero entonces una serie de horribles crímenes sacude Londres: en Whitechapel, un asesino está destripando a prostitutas vampiras, y el pánico que desata amenaza con desestabilizar el nuevo régimen.