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LA LUNA COMO TESTIGO (ALMA CLASICOS ILU)

Publicada tras la Segunda Guerra Mundial y considerada una de las mejores novelas negras de todos los tiempos, esta obra nos invita a reflexionar sobre la importancia de la imparcialidad y la investigación metódica en la búsqueda de la verdad. Muestra, además, la poca ecuanimidad de la justicia, sobre todo en comunidades rurales donde las apariencias y los prejuicios se imponen con demasiada frecuencia. Marion Sharpe y su madre, dos mujeres que viven en una pequeña población inglesa, tratan de defenderse de la acu­sación que plantea contra ellas una huérfana de guerra, Betty Kane, que afirma haber sido víctima de un presunto caso de secuestro y maltrato.
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LA LUNA EN VERSO

Patricia Fernández inaugura en este poemario una mitología en la que la poesía brota y se transmite bajo la mirada de la Luna. Una Luna lorquiana testigo de las pérdidas, el duelo y las ausencias. Pero también una Luna erótica que atesora el renacer, el regreso a las raíces y la aceptación del cambio. Todo ello construye un círculo donde la muerte y el nacimiento se encuentran. La Anciana, la Mujer y la Niña convergen allá donde nace la vida: el útero, el agua y el Mar.
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LA LUNA SOBRE ROMA

No pudo evitar preguntarse por qué el asesino de sus padres la quería viva. Y si eso no era una razón suficiente para desear estar muerta. Cuando la mañana del 10 de agosto del año 30 a.C. la reina egipcia Cleopatra es encontrada muerta por la guarnición romana encargada de custodiarla para llevarla a Roma para el desfile triunfal de Octavio, la cólera de los romanos recae sobre sus dos hijos mellizos, Cleopatra Selene (Luna) y Alejandro Helios (Sol), de apenas diez años. Son acusados de haber ayudado a su madre a darse muerte, escatimando así el golpe de efecto que hubiese tenido la presencia de la orgullosa egipcia encadenada por las calles de Roma. Los mellizos, juntos con su hermano menor, Ptolomeo Filadelfo, son apresados y llevados a la península itálica. Son los hijos de la reina vencida y del triunviro Marco Antonio, que se ha suicidado también ante la victoria de Octavio. Los niños llegan horrorizados a Roma en compañía de su tutor y son obligados a desfilar encadenados ante el carro de Octavio, el futuro emperador Augusto, pero su corta edad despierta la compasión del pueblo romano. En la creencia de que quizá puedan serle útiles en el futuro, Octavio accede a perdonarles la vida y ponerlos bajo la tutela de Octavia, su hermana y la legítima esposa de Marco Antonio, la mujer a la que abandonó para unirse a Cleopatra.
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