A su vuelta de África, donde ejercía de dibujante para una agencia de prensa, Dick Heldar se reencuentra en Londres con una vieja amiga de la infancia. Pronto retoman su relación, de naturaleza ambigua y teñida tanto por las aspiraciones artísticas de ambos como por su deseo de alcanzar el éxito. Será cuando los dos empiecen a trabajar en su anhelada obra maestra cuando la situación dé un vuelco con irrevocables consecuencias.
La luz que se apaga fue la primera novela que publicó Kipling, un potente ejercicio de estilo en el que el autor desmenuza con gran realismo las cicatrices bélicas, desarrolla los que serían algunos de sus temas favoritos (el desarraigo en la infancia, las amistades inquebrantables, el amor y los viajes a tierras lejanas) y presenta un desenlace tan sorprendente como inolvidable.
La madre de nadie teje entre palabras la antropología simbólica de un vínculo universal: el de las madres con sus hijas. La mujer que todavía no es madre, la que quizá lo será, la que puede que no lo sea nunca, la madre perdida y la evocada, la madre amada…, todas ellas se reúnen en este itinerario sentimental que hilvanará una historia femenina en clave poética.
Si en palabras Adrienne Rich, la poesía es el lugar donde vivir sin ser la madre de nadie, donde existir como una misma, lo poético ofrece también un espacio propicio para dar voz a distintas mujeres (la abuela, la niña, la madre), todas ellas criaturas arácnidas que entretejen sus cuerpos a otros cuerpos. El lector hallará en esta obra cantos nupciales, poesía de tono epistolar, intuiciones metapoéticas o evocaciones de la casa familiar como auténtica Ítaca.
Todo ello mecido por los ciclos astronómicos, por el valor metafórico del solsticio y el equinoccio. La madre de nadie es un libro-cuerpo, libro-cordón umbilical en el que las mujeres trenzan su historia con el hilo de Ariadna. Un libro-homenaje a las madres, las hilanderas del mundo.
Tras su exitoso debut con La vida en un minuto, en esta emotiva novela Jose Antonio Lucero nos descubre la valiosa figura de las madrinas de guerra y su olvidado papel en la Guerra Civil.
¿Puede una carta de amor cambiar una vida o detener una guerra?
¿Esperarías esas palabras hasta el final de tus días?
Madrid, 1936. Aurora acaba de cumplir la mayoría de edad y ejerce como enfermera en una ciudad convulsa que resiste al fuego y a las bombas de la guerra. En este clima de violencia, decide contribuir a la esperanza en el frente republicano y comienza a escribirse con un joven soldado, Teófilo, convirtiendose así -como otras muchas mujeres de la epoca- en madrina de guerra.