En Frankenstein, la inmortal obra maestra de la escritora británica Mary Shelley, nos adentramos en un mundo tenebroso y perturbador que desafía los límites de la ciencia y la moral. Adaptada al cine en numerosas ocasiones, esta novela gótica ha dejado una profunda huella en la literatura y en el imaginario popular.
El relato sigue la historia del científico Víctor Frankenstein, que, obsesionado con la idea de desafiar las leyes de la vida y la muerte, crea un ser aberrante a partir de miembros de cadáveres. Pero lo que comienza como un experimento ambicioso y audaz, se convierte rápidamente en una verdadera y terrorífica pesadilla a medida que el monstruo adquiere conciencia de su existencia y trata de vengarse de su creador…
Sinaí Ferreira no debió haber interferido en los secretos de los Frey; por desgracia, se obsesionó locamente con uno de ellos, y haría cualquier cosa para conseguirlo.
Ruso. Peligrosamente atractivo. Un prodigio. Adicto a revivir personas. Axer Frey era el último chico que una nerd intentaría alcanzar.
Menos ella.
Entre secretos, jugadas de ajedrez y una intensa tensión sexual, Sinaí descenderá al fondo de un abismo del que no querrá salir.
Hoy por hoy se coincide en considerar Las Flores del Mal como una de las fuentes vivas del movimiento poético contemporáneo. Carta magna de la «poesía maldita», esta obra produjo un fuerte impacto en la sociedad de su tiempo, hasta el punto de que fue condenada «por ultraje a la moral pública y a las buenas costumbres». Esta edición ha sido cuidadosamente prologada por Enrique López Castellón, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.
¿Quién escribió Sentido y sensibilidad? ¿Lo hizo Jane Austen, una dama, a secas, sin nombre ni apellido, una dama sumamente culta y aguda que sabe bien cómo vive la aristocracia terrateniente, que conoce los rituales de la burguesía londinense, a quien le consta hasta qué punto el mundo es inestable y cómo todo cambia a despecho del sentido y en el tumulto de la sensibilidad?
El diamante
La muerte camina junto a mí, pero la Parca no es un rival para mí.
Estoy encerrada en un mundo lleno de monstruos, vestidos con trajes de hombre, y de gente que no es lo que parece.
No podrán retenerme para siempre.
Ya no reconozco a la persona en la que me he convertido y lucho por hallar el camino que me lleve de vuelta junto a la bestia que me da caza por las noches.
Me llaman el diamante, pero lo único que han creado es un ángel de la muerte.
El cazador
Nací siendo un depredador, con la crueldad incrustada en todos y cada uno de mis huesos.
Y cuando, en mitad de la noche, me roban lo que me pertenece, como un diamante escondido dentro de una fortaleza, noto que ya no puedo retener a la bestia que hay en mí.
La tierra se teñirá de sangre mientras destrozo este mundo para encontrarla.
Y la devolveré al lugar al que pertenece.
Nadie se librará de mi ira, especialmente aquellos que me hayan traicionado.
La Vorágine tiene un elevado componente de denuncia social, que nos alerta del olvido institucional que sufrían los habitantes de la selva colombiana, y que puede trasladarse a los tiempos actuales. En la selva, la vida no tiene importancia alguna. Para poder sobrevivir se recurre a la "ley del más fuerte", y no hay otra opción. Los personajes deben aceptar esta cruel realidad y convivir con ella. Deben hacerse fuertes y resistir con entereza lo que se les viene encima. El dolor, el sufrimiento, las enfermedades, las injusticias y las duras condiciones climáticas deben superarse para poder seguir adelante. Todo vale en "la ley de la selva". Esta impone sus normas y transforma a todo aquél que se adentra en ella. El hombre debe transformarse según sus deseos y vivir bajo sus designios; no tiene otra posibilidad. Al final, la selva terminará por devorarlos.