La moderna novela de aventuras nace y alcanza su cenit en la segunda mitad del siglo XIX. Con ella nace también, casi al mismo tiempo, lo que ha venido a llamarse «novela popular» y la «literatura juvenil». Los fundadores de esta vigorosa y renovadamente verde rama de la literatura son el francés Julio Verne, el italiano Emilio Salgari y el alemán Karl May (Ernstthal, 1842-Dresde, 1912), autor traducido a más de cuarenta idiomas y de cuyas obras se han vendido más de doscientos millones de ejemplares. Entre los años veinte y cincuenta, las novelas de Karl May tuvieron una muy amplia difusión en España; pero fueron luego cayendo en un relativo olvido, al contrario que en otros muchos países, donde siguen gozando de una envidiable popularidad. La serie de Winnetou en la que se reúnen las aventuras de Old Shatterhand y su amigo Winnetou, joven jefe de una tribu apache, es uno de los más logrados clásicos del género y la obra más reeditada y memorable de todas las que salieron de las manos de Karl May. Quien se asome a estas páginas generosamente llenas de emoción y de intriga, de humor y de aventura, no podrá permanecer indiferente ni abandonar sin más ni más su lectura. Es solo un aviso.
Los poemas de este álbum ya estaban escritos. Había que convertirlos en viñetas. Y eso es lo que ha hecho la estupenda dibujante de cómics Laura Pérez Vernetti en un año de feliz y entusiasta colaboración con el poeta Luis Alberto de Cuenca, recientemente galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En la poesía de Luis Alberto aparece constantemente el tema del deseo, anclado en ocasiones a unos tacones altos y afilados, y en otras a un elegante fetichismo de sofisticada ropa interior. Que Laura era la persona idónea para trasladar esa temática del deseo al mundo del cómic no puede ponerse en duda. El libro, primero de una serie de Visor sobre poesía gráfica, contiene 23 poemas eróticos —dos de ellos muy recientes y rigurosamente inéditos— de Luis Alberto, traducidos por Laura a lo que Will Eisner definió como «arte secuenciado» y enriquecidos por unos preciosos titulares del diseñador Andrés Salvarezza.
«Ese espacio entre nuestra vida real y los deseos y las fantasías que le exigen ser más rica y diversa es el que ocupan las ficciones.»
La vida es una y tiene límites. La lectura de novelas los revienta y lo que era una se convierte en mil, infinitas. Ése es el mayor poder de la literatura, y este libro nos hace participar de él.
Lolita, Muerte en Venecia, El corazón de las tinieblas, Manhattan Transfer, Trópico de Cáncer y El tambor de hojalata son sólo algunas de las obras del siglo XX de las que nos habla Mario Vargas Llosa en estas páginas. Revela con sus palabras la íntima relación de su lectura con las posibilidades de ampliar nuestra experiencia vital.
A estos ensayos se añade un prólogo -con reflexiones lúcidas y apasionadas sobre el sentido de la ficción- y un epílogo. Este espléndido cierre resulta toda una incitación al placer de leer además de una inmersión en las opiniones del autor, uno de los escritores más geniales de nuestro tiempo, sobre la función de la literatura y el presente y el futuro del libro.