Lo único que ansía Lachlan Kane es vivir en paz. Pero sabe que, después de fastidiarla durante un encargo para el cliente más importante de su jefe, jamás conseguirá salir del mundo del crimen organizado. Al menos, hasta que Lark Montague le ofrece un trato: dar caza a un asesino a cambio de que ella garantice su libertad.
¿El problema? Primero tienen que casarse. Y ambos se llevan a matar.
Puede que la cantante y compositora indie Lark Montague parezca un torbellino de alegría y purpurina, pero esconde un montón de secretos. Después de que su formidable familia sufra varios reveses y la felicidad de su mejor amiga se vea amenazada, no duda en llegar a un acuerdo con el hombre que está empeñada en odiar, al margen de lo atractivo que sea el taciturno asesino a sueldo.
A medida que Lachlan y Lark se sumergen en el oscuro mundo que los mantiene unidos, su matrimonio falso se vuelve indistinguible de uno de verdad, aunque no son solo las dificultades familiares las que los atormentan. Hay otro fantasma al acecho... Y está sediento de sangre.
En este libro se recogen y comentan refranes y expresiones populares que utilizaban los hablantes de griego de hace dos mil años. Muchos de ellos («poner el colofón», «ser un sibarita», «del árbol caído todos hacen leña», «una golondrina no hace verano», «vista de lince», «lágrimas de cocodrilo» y tantos otros) permanecen vivos todavía hoy en las lenguas modernas, sobreviviendo al paso del tiempo y a los continuos y profundos cambios sociopolíticos, culturales, religiosos y económicos; y su supervivencia en muchas lenguas europeas demuestra que nuestra cultura, por encima de diferencias locales, regionales o nacionales, es fundamentalmente una unidad que hunde sus raíces en la antigüedad grecolatina (e incluso en algún caso podemos remontarnos dos mil años más, hasta los antiguos sumerios y asirios que ya empleaban refranes todavía vivos en nuestras lenguas de hoy).