Es 2008, y un colapso inesperado sacude las calles de Harlem: un edificio de cinco plantas se derrumba, dejando una nube blanca de escombros que lo cubre todo. Mientras los servicios de emergencia y los periodistas irrumpen en escena, el vecindario se sumerge en el caos. Aparecen seis cuerpos sin vida, y hay desaparecidos. Mary Roe, veterana agente del cuerpo de policía desgastada por su trabajo, se obsesiona por hallar a uno de ellos. Felix Pearl, joven fotógrafo recién llegado a la ciudad, capta el horror del derrumbe y la vida del barrio. Royal Davis, propietario de una funeraria al borde de la quiebra, husmea entre los restos de la tragedia en busca de «clientes» que le ayuden a sacar su negocio adelante. Y Anthony Carter, tras un par de días sepultado bajo toneladas de ladrillo, emerge milagrosamente de entre las ruinas para convertirse en un hombre nuevo con una misión y un poderoso mensaje.
GREG RUCKA NOS AVANZA UN FUTURO DE DESIGUALDAD ECONÓMICA EXTREMA
EL MUNDO ya no está dividido por la política o la geografía, sino por las finanzas. El dinero es poder, y ese poder se encuentra en las manos de unas pocas FAMILIAS. Aquellos pocos que proveen servicios para una Familia gobernante tendrán sustento, ELEVADOS al rango de Siervo, con una vida cómoda garantizada para ellos y sus seres quedridos. Los demás son SOBRANTES. En cada Familia hay una persona a la que se le otorga lo mejor que la tecnología y el entrenamiento pueden ofrecer. Esta persona es el escudo y la espada de la Familia, su protector, su Lazarus. El Lazarus de la Familia Carlyle se llama Forever. Aquí empieza su historia.
Toño Azpilcueta pasa sus días entre su trabajo en un colegio, su familia y su gran pasión, la música criolla, sobre la que lleva investigando desde su juventud. Un día, una llamada le cambia la vida. Una invitación para ir a escuchar a un guitarrista desconocido, Lalo Molfino, personaje del que nadie sabe demasiado pero de gran talento, parece confirmar todas sus intuiciones: el amor profundo que siente por los valses, marineras, polkas y huainos peruanos tiene una razón más allá del placer de escucharlos (o bailarlos).