Piedad Bonnet (Amalfi, Colombia, 1951) es una de las voces más relevantes de la literatura contemporánea. Su poesía, íntima y reflexiva, ha sido traducida a numerosos idiomas y galardonada con premios tan prestigiosos como el Casa de América de Poesía Americana por su libro Explicaciones no pedidas (2011), el Generación del 27 por Los habitados (2016) o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por la totalidad de su obra.
«La poesía de Piedad Bonnett es siempre una respuesta a la vida, a su vida, en forma de interrogación a la propia conciencia. Por eso necesita unir la memoria y la meditación, las razones y los sentimientos para ponerle nombre a lo que no tiene nombre, para caminar entre pedazos rotos y entenderse a sí misma como una afirmación en la incertidumbre. La mujer incierta piensa en los hombres de su vida, su padre, su pareja, su hijo, y establece con ellos un diálogo honesto en el que reconocerse a ella misma, un viaje hacia su propia intimidad. La poesía de Piedad Bonnett habla con el mundo porque necesita darle sentido a las grietas que oculta de manera firme en la palabra yo. Sus lectores tienen la oportunidad de afirmarse y de dudar de sí mismos, de conocerse y de recordarse. Cosas de la buena poesía».
Luis García Montero
Harriet Vanger desapareció hace treinta y seis años en una isla sueca propiedad de su poderosa familia. A pesar del despliegue policial, no se encontró ni rastro de la muchacha. ¿Se escapó? ¿Fue secuestrada? ¿Asesinada? El caso está cerrado y los detalles, olvidados. Pero su tío Henrik Vanger, un empresario retirado, vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir.
Mikael Blomkvist acepta el extraño encargo de Vanger de retomar la búsqueda de su sobrina. Periodista de investigación y alma de la revista Millennium, dedicada a sacar a la luz los trapos sucios de la política y las finanzas, Blomkvist se enfrenta a una querella por difamación presentada por un gran grupo industrial que amenaza con arruinar su carrera y su reputación.
«En ese sofá quedó tendido, desconcertado y exánime uno de los hombres que no fui».
Un remate de antigüedades en una vivienda donde el narrador residió hace veinte años le da pie a encontrarse de nuevo con las personas cruciales de su vida. A través de lo que pasó y lo que pudo pasar, el narrador de Los hombres que no fui se enfrenta a su memoria, a sus decisiones y a las derivas que ha ido tomando su vida, dando paso al retrato de «un mundo de formas bellas, tiránicas e infructuosas, de reglas inculcadas que podían llegar a ser mortales». Con una mirada esclarecedora, conjugando melancolía y liberación, Pablo Simonetti escribe sobre las vidas posibles que vamos abandonando con cada una de nuestras decisiones, sobre la pertenencia y la exclusión, con el trasfondo de un Santiago de Chile en llamas que le permitirá al protagonista dejar el pasado definitivamente atrás.